miércoles, junio 29, 2011

MANUAL PARA PERVERSOS

Por vender tu voto.

José I. Delgado Bahena


¿Ya viste Armando, por vender tu voto lo que te pasó? Yo sabía que por andar de ambicioso ibas a acabar mal. Ahora sí estás quietecito, como Dios manda, nomás viendo pa’ dentro, como las iguanas.
Hace rato vino tu madre a gritarme que por mi culpa estás así: “petateado”. Mejor que se calle, porque bien que sabe el trato que me dabas cuando llegabas bien briago del billar y las sinvergüenzadas tuyas, que a tus cuarenta años enamoraste a una chamaquita de veinte. Ora sí que “Cuarenta y veinte”, como dice la canción del Príncipe. Eso sí, andabas bien contento con la escuincla; y luego, del pueblo, Armando, ya ni pena te daba que todos supieran lo taruga que me hacías.
Y mírate ‘ora: estirado y con tus algodones en la nariz, duerme y duerme.
¿Verdad que fue tu culpa? Apenas ayer, cuando te atreviste a comprarle una televisión plana, a crédito, y dijiste que era para la vieja hipócrita de tu madre, te dije: “A mí no me ves la cara, yo sé para quién es, pero nomás no te quejes cuando te pague con la misma moneda”.
Entonces me jalaste la trenza y me dijiste: “No te atrevas méndiga”. No sabes cómo me dolió que la gente viera cómo me maltratabas, pero me aguanté porque sabía que un día te llegaría la función.
Y mira: ¿quién iba a decir que mi suerte iba a llegar más rápido que un rayo?
Ya ves: bien que me dijiste en la mañana: “Vieja, ‘ora no voy a votar; de todos modos los comisarios nomás se tragan el dinero que les dan y no hacen nada por la paisanada”. Y te quedaste muy calmado en tu hamaca, echadote, nomás sobándote la panza; hasta que vino Pepe, el sobrino de Julián, de la planilla cuatro, a decirte que te iban a dar cincuenta pesos si votabas por su tío.
Todavía te metiste a la casa a enseñarme el billete que te dio. Yo te dije: “¿Pa’ qué vas? De todos modos, como tú dices: los comisarios no hacen nada, nomás cobran doscientos pesos por el sello y su firma, y cincuenta pesos nos va a quitar el hambre un ratito pero ellos van a estar comiendo todo el año”. Pero no, te fuiste con Pepe, te ganó la ambición por los cincuenta pesos. Eso fue tu perdición: la ambición.
Es que no se vale, Armando, mejor hubieras votado por el arquitecto que les iba a hacer el puente a los del barrio de “La parota” y todos sabemos que tiene muchos amigos que le pueden ayudar al pueblo. Pero bueno, la verdad es que ya ni votaste porque se te olvidó tu credencial. La dejaste en tu camisa azul que te pusiste ayer cuando fuiste a comprar la televisión para tu amante.
Lo que no sabías, ni te imaginabas, es que tu amigo Samuel me andaba pretendiendo desde cuándo. Cada que había una fiesta, y tú estabas bien borracho, él me sacaba a bailar y tú mismo le dabas permiso. Entonces, como disimulando, por lo fuerte de la música, se acercaba a mi oído y me decía unas cosas, que pa’ qué te cuento.
La verdad, yo te respetaba; pero tu amigo insistía con sus miradas, con sus palabras y con sus apretones cuando bailábamos.
Entonces, Armando, hoy domingo fue tu perdición. Con el pretexto de venirte a ver para saber si ya habías ido a votar, llegó Samuel a la casa, cuando apenas te habías ido con Pepe. Me dijo que había mucha cola, que él se había formado durante dos horas para llegar a la urna y que te ibas a tardar. Lo invité a pasar y le ofrecí un café, me lo aceptó y fui a la cocina a poner el agua. Él me siguió y, cuando estaba junto a la estufa, me preguntó si me ayudaba y me abrazó por detrás. No te voy a mentir: me gustó sentir su aliento calientito resbalándose sobre mi cuello; cerré los ojos porque en ese momento me mordió una oreja, me apretó los pechos y me dijo unas cosas tan bonitas como las que me decías cuando éramos novios y que después se te olvidaron.
Lo demás, ¿pa’ qué te cuento? Ya los sabes.
Lo que yo no sabía era que Samuel traía una pistola y la había dejado sobre la estufa. Por eso, cuando llegaste gritando que querías que te ayudara a buscar tu credencial y nos viste a los dos, desnudos, en el piso de la cocina, nos insultaste y te fuiste corriendo a la recámara a traer tu pistola.
Era tu día malo, Armando. Pudiste matar a Samuel mientras se ponía sus ropas pero se trabó tu arma y eso le dio tiempo para agarrar la suya y soltarte un balazo en la cabeza. Ahí te dejó: tendido, con un río de sangre saliendo de tu frente, y se fue corriendo.
Yo me vestí y salí gritando pa’ que me ayudaran a ver si te salvabas, pero fue inútil: llegó el médico Jahén García, que apenas se recibió, y dijo que ya estabas bien muerto.
En la cancha se oía mucha alegría porque había ganado Julián Sierra, el candidato del presidente municipal; ya ves, te ganó la ambición y ahora sí, ya ni llorar es bueno y, la verdad, ni lo mereces; te quedaste sin vida, sin el dinero y sin ver si este comisario si va a hacer algo por la paisanada, como tú decías, y todo por vender tu conciencia y tu voto por miserables cincuenta pesos.


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lunes, junio 27, 2011

SOY UN EXTRAÑO ENFERMO



José I. Delgado Bahena


Soy un extraño enfermo que no duerme


por limpiar las cenizas de tus besos;


soy un eterno enfermo que sucumbe


sobre arenas inertes de un desierto.






Soy un enfermo silencio


que rueda temeroso por tu cuerpo


y me hago un ovillo


en las enredaderas de tu sexo.






Son un extraño enfermo


que en las noches sin nubes


llueve en tus recuerdos;


soy un dios sin palabras,


un egoísta ajeno,


un perdón incrustado


en las cálidas puntas de tus pechos.






Soy un extraño enfermo que te extraña


y lame el olvido azul de su desvelo;


desde que te fuiste,


soy un desventurado, desnutrido,


enfermo y triste perro callejero.

miércoles, junio 22, 2011

MANUAL PARA PERVERSOS

La víspera.

José I. Delgado Bahena
Lucinda era hija de Alfonso Mansines, el mayor de esa familia que, como grupo político de vecinos, amigos y familiares, cada año competían, con artimañas y presiones de todo tipo sobre los habitantes del pueblo, en las elecciones para comisario municipal.
Joaquín, hijo de Jesús Sierra, el más grande de esta familia opositora a los Mansines, se había atrevido a poner los ojos sobre las amplias caderas de Lucinda, a quien encontró una vez, a medio día, sola, lavando sus prendas de vestir en la corriente de la barranca, mientras él pasaba por lo más bajo del arroyo, montado en el único caballo que encerraban en el corral de su casa.
−¿Cómo estás, chula? –le lanzó la pregunta con una media sonrisa y levantándose el sombrero.
Ella no respondió. Sólo recorrió, con sus ojos de azabache, la estampa del jinete montado sobre el animal que se recortaba contra el respaldo de la barranca. En una acción involuntaria, tomó con sus dos manos una porción de agua y refrescó su rostro con ella.
Joaquín había terminado de pasar la corriente y detuvo su caballo en la orilla.
−No te apresures en contestar, bonita; ya sé que el viejo te prohíbe relacionarte con nosotros, los Sierra. ¿Sabes?, a mí no me importan sus cochinas elecciones, ni que las familias estén peleadas. Pa’ mí, esas son chingaderas. A lo mejor ni voto mañana. Yo sé que te gusto. Te voy a dar un chance de que te recargues sobre mis huesos y sientas lo que es besar a un contrario.
−¡Cállate! –se atrevió a protestar ella−, vete, no tardan en venir mi madre y mis hermanas.
−Sí, me voy. Esta noche no te duermas. Cuando apaguen los candiles y mi padre se vaya a la casa de Manuel, a su reunión, iré a la tuya. Tu viejo también estará en su junta, con su gente, ambicionando la comisaría. Te espero a un lado del guamúchil. No hagas ruido; porque si tu madre nos sorprende, nos chingan a los dos.
Lucinda guardó silencio. Acomodó la gran piedra, sobre la que tallaba una falda, y descargó con ímpetu los jicarazos de agua.
La verdad era que le gustaba aquel gañán, hijo de los enemigos políticos de su padre. Lo aceptó desde que lo encontró en el depósito del agua, esperando a que le tocara llenar sus latas y ella entró a la iglesia, a persignarse. Entonces lo vio, recargado en el muro de piedra, y descubrió en su mirada un rayo que le incendió los pechos y le endureció los pezones.
Por eso, en la noche, cuando su padre salió, en compañía de su hermano, para la reunión en casa de Lucas Mansines, su tío, en donde tramarían la manera de asegurar que su gente no los traicionara y votaran por Calixto, el candidato que habían impuesto; ella fue a la pila donde tenían el agua para el aseo personal y se lavó el sudor que le corría por el cuello. Después, fue a la alacena donde su madre guardaba el pomito de esencia que usaba para perfumar el agua con la que llenaba los cascarones, en el carnaval, lo tomó y lo guardó entre sus ropas.
Cuando el silencio del pueblo se espesa y Juana, la madre de Lucinda, suelta los primeros resoplidos de mujer cansada y con el sueño pesado, la muchacha se unta un poco del perfume detrás de sus orejas y sale de la casa, con ropas de dormir y con ansiedad entre su pecho.
Junto al guamúchil, fumando un cigarro de hoja, está Joaquín, esperándola. Ha llegado sin caballo para no hacer ruido; sólo lo acompaña su machete largo, como prevención por las tensiones de la víspera de la elección del comisario del pueblo.
No hay palabras, ¿para qué?, las manos hablan y las bocas se juntan con desesperación, sabiendo, de antemano, del atrevimiento que tienen por ser prohibido. Los cuerpos se entrelazan y se entregan.
La hoguera no se habría apagado, a no ser por los ladridos de los perros que en el centro del pueblo, por la casa de Lucas Mansines, acompañan a un gran alboroto de los hombres.
Los cuerpos, protegidos por las sombras de la noche, se separan y se tensan. Muy cerca de ellos pasa Marcelo, el hermano de Lucinda, entra a la casa y, en cosa de dos minutos, vuelve a salir con un machete en la mano y una linterna en la otra.
El golpe de luz que arroja la lámpara descubre a los amantes.
−¡Infeliz! –insulta Marcelo a Joaquín−, tu padre acaba de matar a Calixto y tú, aquí, ultrajando nuestra honra.
Esa fue la última frase que pronunció Marcelo. Joaquín, prevenido al verlo pasar, lo atajó en su reclamo y descargó sobre su cuello el filo del machete.
Las sombras de la noche se tragaron la figura de Joaquín que huía del lugar donde dejaba a Lucinda tratando de contener el chorro de sangre que brotaba de su hermano.

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sábado, junio 18, 2011

SECTOR 7

Unión, trabajo y honestidad.

José I. Delgado Bahena

Si quienes tienen un cargo público se pusieran a trabajar con honradez y voluntad por el progreso de los pueblos, las comunidades no tendrían los atrasos en los que se encuentran. Pero la honradez, sobre todo, es un concepto que se hace a un lado cuando se está en posibilidades de quedarse con un recurso que debería destinarse para la construcción de obras y en la realización de proyectos benéficos para todos.
En concreto: se aproximan ya los cambios de comisarios municipales en muchas comunidades –entre las que se encuentra mi pueblo: El Tomatal− y ya se están organizando planillas para contender por los cargos. Lo preocupante es que hace muchos periodos que han pasado sin que se note claramente un desempeño de esta función de comisario, en El Tomatal, que verdaderamente impacte en el desarrollo de los habitantes.
El deterioro de las calles, en lo material, y la falta de programas destinados a la superación de los niños y jóvenes, han propiciado un aspecto de abandono y menosprecio por los intereses de la población.
Lamentablemente, los mismos ciudadanos hemos solapado este tipo de abusos a las atribuciones que la Ley Orgánica del Estado establece como normas que rigen el arribo a este cargo.
Si no, por poner un ejemplo: ¿Desde hace cuánto tiempo no se da un informe financiero de los ingresos y egresos en la comisaría?
Eso es lo malo: la percepción que se tiene de que quienes detentan este puesto lo hacen con la no sana intención de ver qué obtienen como beneficio personal, en lugar de pensar en lo colectivo.
Por eso: preocupado por esta situación, he aceptado la invitación que un grupo de ciudadanos, atentos a las irregularidades que se han visto en el pueblo, me han hecho para que participe como candidato a comisario municipal de esta comunidad de El Tomatal, encabezando la planilla No. 2.
Acepté con la firme convicción de demostrar que las cosas pueden ser diferentes. Participo con la creencia de que en mi pueblo la gente es muy noble, trabajadora y unida, y que al final podremos entregar, a todos, cuentas claras y hechos palpables.
Para ello, propuse, a mis compañeros de planilla: Juan Cedillo, Dulce Camarillo y Gabriel Rivera, que firmáramos una carta compromiso que contiene cinco puntos determinantes para que juntos impulsemos actividades con base en los preceptos de “Unión, Trabajo y Honestidad”. La advertencia es clara y sin malicia: el que no los cumpla será puesto a disposición en una asamblea vecinal para que sean los mismos ciudadanos quienes decidan lo pertinente.
I.ACTUAR SIEMPRE CON HONRADEZ Y TRANSPARENCIA EN EL EJERCICIO DEL CARGO QUE PRETENDEMOS DESEMPEÑAR, INTERPRETANDO ESTO EN EL SENTIDO DE NO TOMAR UN PESO, PARA BENEFICIO PERSONAL, DE LOS RECURSOS QUE INGRESEN A LA COMISARÍA.
II.APOYAR, DURANTE LOS TRES AÑOS QUE DURE LA ADMINISTRACIÓN, TODAS LAS ACTIVIDADES RELACIONADAS CON LAS FUNCIONES DEL NOMBRAMIENTO,
III.CONSIDERAR LA OPINIÓN DE LOS DEMÁS INTEGRANTES DE LA PLANILLA EN LA TOMA DE DECISIONES QUE TENGAN QUE VER CON EL DESARROLLO DE NUESTRO PUEBLO,
IV.PARTICIPAR EN LA ELABORACIÓN DEL INFORME FINANCIERO ANUAL QUE SE DEBERÁ RENDIR A LA COMUNIDAD, EN CONSIDERACIÓN DE LA FRACCIÓN XIV DEL ARTÍCULO 201, DE LA LEY ORGÁNICA, Y
V.ACEPTAR QUE SE DISPONGA LO PERTINENTE EN CASO DE NO CUMPLIR CON ALGUNO DE LOS PUNTOS ANTERIORES; ENTENDIÉNDOSE, INCLUSO, DEJAR EL CARGO SI, EN ASAMBLEA, LOS VECINOS DE LA COMUNIDAD LO DECIDEN.
Estos son los puntos de la Carta Compromiso que firmamos y hemos hecho pública para que sean los mismos ciudadanos quienes estén atentos al cumplimiento de los mismos.
En resumen: nuestro compromiso es trabajar, motivar, gestionar, organizar, promover y facilitar con unidad y transparencia, en función del cargo que pretendemos ocupar, para que sean los pobladores de El Tomatal quienes, al final, nos critiquen o nos premien con base en los resultados obtenidos.
Por último, y verdaderamente reprobable, es conocer que hay personas de un grupo político involucrándose en la promoción de una planilla; gente que viene del Ayuntamiento a entrometerse en un asunto que, por tradición, se resuelve en un proceso vecinal, y no partidista, con los habitantes del mismo pueblo.


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miércoles, junio 15, 2011

MANUAL PARA PERVERSOS

Bullying fatal

José I. Delgado Bahena


Fernando tenía catorce años cuando cursaba el segundo grado de educación secundaria. Sus padres, profesores ambos, lo habían inscrito, por comodidad, en la escuela del centro, ya que la otra, de las únicas dos que había en esa época, se ubicaba en la orilla de la ciudad, lejos de su domicilio.
Estaban por llegar las vacaciones de Semana Santa cuando Maricela, la madre del muchacho, lo comenzó a notar retraído, preocupado, nervioso, como temeroso y asustado. Al principio pensó que se debía a las malas calificaciones que había obtenido en sus exámenes del cuarto bimestre, pero ella le había mostrado su apoyo a pesar de la reprimenda que José Ramón, el padre, le había dado cuando le firmó los resultados de las evaluaciones.
“Ya se le pasará”, pensó la madre, y durante las vacaciones le permitía que permaneciera por horas, en su cuarto, solo, encerrado, con el pretexto de hacer sus tareas. Entonces, ella le dedicaba toda su atención a Selene, la pequeña hija que iba en sexto grado de primaria.
Lo grave fue cuando terminó el periodo vacacional y Fer se negaba a regresar a la escuela.
−Es que ya no quiero estudiar ahí mamá –le rogó a la madre.
−¿Por qué? –le interrogó un amenazante José Ramón al escuchar la negativa del hijo.
−Por nada, papá… −respondió Fernando, cabizbajo y con las manos sudorosas.
Lo que no sabían los padres, encerrados en el cuartel de las escuelas primarias donde trabajaban, era que el muchacho tenía que soportar, desde que ponía un pie dentro de la escuela, las burlas, imitaciones, rechazos, injurias y agresiones de varios de sus compañeros.
Desde el primer día de clases, los alumnos habían observado en Fernando un cierto amaneramiento para caminar, al hablar y en la timidez de su mirada que no les dejó dudas sobre su inclinación sexual y desde la primera semana de clases empezaron a llamarle, maricón, joto, “Fernandita” y otros epítetos relacionados con su preferencia sexual que no podía disimular y le llevó a buscar refugio en Patricia y Elena, sus dos amigas que le brindaron respeto y confianza.
−Mejor me quisiera morir –le dijo él a Elena, una mañana en que se encontraban cerca de la casilla de la cooperativa esperando a que se despejara para acercarse y adquirir alguna golosina.
−¡Estás loco! –le reprendió su amiga−. Un día se cansarán y te dejarán de molestar. Además, si insisten, y tú no los acusas con el director, yo misma lo haré.
−¿Para qué? –contestó Fernando con los ojos llorosos−, ¿no te has dado cuenta de que los maestros también me rechazan y cuando los chamacos me dicen de cosas ellos sólo se ríen?
Pero no todo terminaría en ataques verbales hacia el muchacho. Un jueves de las siguientes semanas, el profesor de Educación Física, un maestro ya grande, a quien los alumnos habían puesto el sobrenombre de “guajolote”, enfermó y tuvo que faltar a sus labores. El prefecto, responsable de suplir al maestro, se limitó a mandarlos al patio, vestidos con su uniforme deportivo, a relajarse y a perder el tiempo.
Fernando sintió deseos de ir al baño y le pidió a sus amigas que lo acompañaran. Ellas se ubicaron cerca de la puerta, sentadas en una jardinera, leyendo una revista sobre artistas locales; por eso no advirtieron cuando tres de sus compañeros, de los que más molestaban a su amigo, entraron al baño con un sentido de complicidad que les delataba sus intenciones.
En el interior, cuando Fernando se disponía a salir, dos de los tres alumnos que habían entrado después de él le cerraron el paso.
−¿Qué quieren? –les preguntó con nerviosismo.
−Nosotros no –respondió uno de ellos−. Tú eres el que quiere algo que tenemos –agregó al momento en que le mostraba la erección de su pene.
Con la complicidad del tercer compañero que cuidaba la puerta quien no permitió el paso a otro que deseaba entrar al baño, los dos muchachos abusaron sexualmente de Fernando obligándolo, con amenazas y golpes, a satisfacerles sus desatados instintos.
La denuncia la puso Elena en la dirección de la escuela. La trabajadora social citó a los padres del ofendido y a los de los agresores.
Los jóvenes le dijeron a José Ramón que su hijo los había provocado, pero que no eran maricones como él.
Al escuchar esto, el padre soltó un tremendo puñetazo sobre la cara de Fernando rompiéndole la nariz y saliendo de inmediato de la reunión.
A la mañana siguiente, cuando Maricela fue en busca de su hijo para que desayunara, lo encontró tirado, sin vida, junto a su cama. A un lado de su mano derecha descubrió el frasco de clonazepam, vacío, que en el ISSSTE le daban a ella para relajarse y poder descansar en sus noches de insomnio.


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MALDITAS PALABRAS

EL AMOR SE SIENTE
El amor no se nombra,
no se dibuja

ni se escribe en un papel.
El amor se siente
entre las venas
y nos enferma la piel.
No se dice el amor
como decir pan,
o viento,
futbol o pez;
el amor no se dice,
ni se inventa.
Es como tener una puerta abierta
por la que entre el mar,
para después
guardarlo en una bolsa
y obsequiarlo en navidad.
El amor es infantil,
adolescente, tierno,
no le importa la edad;
se presenta,
te envuelve, te adormece
y te hace naufragar,
mas también inventa cuentos,
derrumba muros,
construye puentes,
te calla y te hace hablar.
Así,
el amor te hace fuerte,
cobarde, débil y valiente;
porque en el espejo de la vida
el amor no se ve,
sólo se siente.

José I. Delgado Bahena

miércoles, junio 08, 2011

MANUAL PARA PERVERSOS

¿Sabes quién fue?

José I. Delgado Bahena


Cuando a Teresa le llamaron por teléfono para decirle: “Tenemos a Laura, tu hija, y tienes que darnos un millón de pesos si quieres volver a verla viva”, pensó que sólo eran extorsionadores, como los que se ubican a la entrada de los cines para pedirte el número de teléfono con la promesa de que participará en una tómbola y podrías ganar atractivos premios.
Ya en una ocasión, hacía unos meses, lo habían intentado. Sus tres hijos habían ido al cine, Laura dio sus datos en una encuesta que le hicieron y a los pocos minutos un hombre le llamó a Teresa para pedirle dinero a cambio de dejar libre a la muchacha. Por suerte, después de la alarma, la angustia y la desesperación, recordó que su hija había salido con sus hermanos, marcó al celular de uno de ellos y éste le dijo que no se preocupara, que estaban juntos, viendo la película. Así que, cuando el hombre volvió a llamar, lo despidió con una letanía de recordatorios familiares.
Sólo que ahora su hija había ido al colegio, en una institución particular que está junto a la laguna de Tuxpan, y por más que insistía marcando el número de su celular, la llamada no entraba y le enviaba al buzón.
En ese momento maldijo la decisión de su marido, de traerse a la familia, que vivía en la Ciudad de México, a este estado con tanta inseguridad. También maldijo mil veces la ambición de Edward, a quien conoció en un viaje que ella hizo al estado norteamericano de Chicago y luego él vino en su busca para pedirle que se casaran.
Recordó que, sólo por eso, le confió, a su novio gringo, que tenía una hija de seis años, y cuatro meses de embarazo de otro hijo sin padre que había decidido tener. En aquel entonces, Edward, descendiente alemanes, le ofreció matrimonio con la condición (que ella aceptó) de que el hijo que venía lo diera en adopción a otras personas y que tenían que olvidarse de él.
Cuando nació el pequeño, Teresa se admiró de que el niño, igual que su hija Laura, tuviera una mancha clarísima, detrás de la oreja izquierda, en forma de estrella de cinco picos. Teresa regaló a su hijo a una pareja de artesanos de Michoacán que estaban de paso en la Feria de la Bandera y que nunca volvió a ver.
Después, Edward le sembró un par de gemelos que nacieron también con la marca de la estrella de Teresa, en la oreja izquierda, pero con la diferencia de sus ojos claros y la piel blanquísima que contrastaba con el color moreno de las dos mujeres de la familia.
Ellos, los gemelos, no se enteraron del medio hermano regalado; la única que lo supo siempre fue Laura. A sus casi siete años no pudieron ocultárselo y ahora, a los veinticinco, de vez en cuando le recordaba a Teresa su debilidad por aceptar tal condición para uno de sus hijos.
El timbre del teléfono le alejó sus pensamientos y los recuerdos se esfumaron del corazón de Teresa, donde se había alojado ya la angustia por la hija desaparecida.
−Mira, hija de la chingada, te voy a pasar a tu hija para que nos creas y vayas juntando la lana –escuchó una voz gangosa, disimulada, del otro lado de la línea−. Y te apuras, perra, porque tu hija es muy hermosa y mmm…ya se me está antojando.
−¡Mamá…! –oyó, entre gimoteos, la voz de Laura− ¡Dales lo que te piden o me van a matar! ¡Me hacen muchas cosas feas…mamá!
−¡Ay, hija…! −lloró− No tengas miedo…¿estás bien?
Fue lo último que pudieron hablar entre ellas. La autoritaria voz del hombre se volvió a escuchar.
−¡Le apuras, mierda! A no ser que quieras que no me aguante las ganas y te la devuelva toda ensalivada. Un millón de pesos, recuérdalo. Te volveré a llamar para decirte dónde y a qué hora me lo llevarás.
Teresa no tuvo tiempo de decir nada más. Como pudo llamó a sus hijos que estaban en la secundaria para asegurarse de que estuvieran con bien. Después marcó el número de la compañía que explotaba las minas en las que había invertido Edward el capital que se había traído de Estados Unidos. Le pidió que viniera a la ciudad y la apoyara con la cantidad que los plagiarios le exigían.
Por la tarde, cuando Teresa y Edward acomodaban en un maletín el dinero que habían podido reunir, sin completar el millón de pesos, escucharon que un automóvil se detenía junto a su puerta.
Por la ventana vieron a Laura, con su uniforme azul del colegio y con su mochila colgando de uno de sus hombros, que caminaba hacia la casa mientras una camioneta roja se alejaba rápidamente.
Al abrir la puerta, la muchacha se arrojó a los brazos de Teresa, llorando, y juntas se dirigieron a la recámara de la hija.
−¿Qué pasó? –le preguntó la madre, con una voz llena de incertidumbre, al tiempo que la abrazaba.
−¡Ay, mamá! –se quejó Laura entre sollozos y mirando al piso− ¿Te imaginaste algún día que yo tendría que pagar las consecuencias?
−¿De qué hablas?
−¡¿Cómo de qué?! ¿Sabes quién me secuestró y me violó? ¡Mi hermano, mamá! Lo reconocí por la estrella que todos tus hijos tenemos en la oreja.


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lunes, junio 06, 2011

RINCÓN POÉTICO

TE HABLARÉ DEL AMOR







Te hablaré del amor,


desde esta piel sudario


que envuelve mis sentidos,


desde mis ojos a tus ojos,


desde mi rencor


a tu egoísmo.


Te hablaré del amor


escupiendo la palabra cobardía


que sabe de la razón


y la idolatra;


mordiéndome la lengua


para que sangre el miedo


y cure mis heridas


con la baba pestilente


de tu olvido,


con el amor


que aún alimento


en el recuerdo vago de tu risa,


en el sabor de tu boca humedecida


y en el suave temblor


de tus caricias.


Te hablaré


con mis labios rozando tus oídos,


con mi aliento pausado y contenido,


con mi sexo incendiando tus sentidos,


con mi pecho en tu pecho derretido.

sábado, junio 04, 2011

RINCÓN POÉTICO

¿CUÁNDO VIENES A CASA?

José I. Delgado Bahena

¿Cuándo vienes a casa

a recoger los trozos de un cariño dormido,

a castigar la duda, a lloviznar los caminos?

¿Cuándo vienes a verme con tus manos ansiosas,

con tu aroma de nardos, con tu pecho encendido?

El día que te fuiste me quedé sorprendido,

rompiéndome las uñas con mi anhelo escondido;

me quedé taciturno, casi nube, casi llanto,

llanto-mar, llanto-río...

¿Cuándo vienes a casa

a levantar las ruinas de mi corazón de niño,

a perfumar mi cama, a ser árbol de mi nido?

¿Cuándo vienes trayendo tu canto y tu delirio,

mis luces de poeta, tu amor de laberinto?

Estoy solo

y no sabes cuánto extraño tus besos,

tu palabra entre dientes, tu piel en regocijo.

¿Cuándo vienes a casa

a contarme aquel cuento

del anillo perdido?

No tardes,

estoy solo

y en mi alma se alojan

muchas tardes de estío.

viernes, junio 03, 2011

SECTOR 7

Las buenas y las malas.



José I. Delgado Bahena


Las buenas: las actividades culturales que en los recientes días se han realizado en algunos lugares de nuestra ciudad. Una de ellas, el viernes pasado, 27 de mayo, en el Cabaret “La Doña”, donde a iniciativa de su propietario, el Dr. Gabriel Díaz, se nos entregaron reconocimientos denominados “Lo mejor de Iguala”, en cuanto a la cultura y el arte. Los que participamos en el evento y estuvimos nominados por amigos asiduos a una de las redes sociales de internet, nos sentimos muy halagados por esta distinción que alienta y motiva a seguir sembrando en este terreno tan pedregoso como lo es la cultura y agradecemos al doctor por su esfuerzo y apoyo para el desarrollo de Iguala en este rubro.
Otra: el ciclo de presentaciones teatrales que la maestra Lupita Ayala, docente de la escuela preparatoria por cooperación 24 de Febrero, inauguró este martes 31 de mayo en el Museo del Ferrocarril, gracias a la gran apertura y apoyo que la directora del museo, la maestra Cecilia Zúñiga, está dando en este espacio desconocido para algunos pero visitado por muchos. En esta ocasión, la obra que presentaron los alumnos de la maestra Lupita fue “La miseria”, de Emilio Carballido, y los chavos que la escenificaron se lucieron, de verdad, y los siguientes martes habrá otras funciones con otros alumnos de la Profra. Guadalupe Ayala.
Una más: la jornada “La manifestación del cuerpo a través del arte”, promovida por el Instituto Universitario del Sur, que contará con una gran diversidad de muestras artísticas como: lectura literaria, proyección de los 2 capítulos más recientes del Comic Suicida XXI, el performance “Paz, paz, paz, creación colectiva”, interpretación musical en guitarra clásica, obra teatral “La voz del viento” y una exposición visual multidisciplinaria. A la cabeza de esta organización viene la LIc. Oralia Ramírez Cruz, del IUS; por supuesto, participaré en el evento con la lectura de dos poemas y una historia del Manual para perversos, en la sesión de las 12:30 hrs. Los esperamos en el Museo del Ferrocarril, hoy sábado 4 de junio.
Para cerrar estas menciones en torno a las actividades culturales, les comento que en la Cuisi-Parroquia de la Inmaculada Concepción de María (muy cerca de la antigua estación del tren), se ofrecerá un recital de ópera: “Shola Cantarum”, bajo la dirección de la maestra Josefina Flores Botello en el que participará mi amigo Yovani Catalán. Estará de lujo. La cita es a las 19:00 hrs. Además ya viene la Gala de Ópera que Yovani dará en el Museo de la Bandera el 18 de este mes. Los boletos ya se están agotando. La gente sabe cuando de un buen evento se trata.
Otra buena, no, mejor dicho: excelente, extraordinaria, el programa ofrecido por los alumnos del CAM de Iguala, de la especialidad de Español, bajo la asesoría de su maestro Luis Lozano, para llevar a cabo un homenaje a mi humilde persona por mi trabajo literario. De verdad, fue muy emotivo y significativo. Se lucieron los jóvenes con declamación, escenificación y lectura de textos sobre mi obra; además, presentaron bailes regionales acompañados por la banda “Pitufos” y el mariachi Nuevo Tepecoacuilco. Luego, la entrega de dos reconocimientos, uno por parte del CAM y otro por el administrador de Galerías Tamarindos, José Luis Abarca. Caray, no sé cómo agradecer estos gestos que incendiaron mi corazón para guardar en un lugar de oro estos recuerdos y que me motivan para seguir en las manos de esta amante tan posesiva que es la literatura.
A los que participaron y a los amigos y familiares que aceptaron la invitación para acompañarme en este momento tan importante. ¡Gracias, mil gracias a todos!
Las malas: Bueno, es tanto el gusto que no mencionaré que al Dr. Tovar no se le ve por ningún lado cuando de cultura se trata ¿por qué será?
Para terminar permítame agradecer a la Srita. Lucía Hernández Rodríguez, enfermera del ISSSTE, encargada del área de curaciones, por la atención tan profesional y amable que da en ese servicio; siempre es bueno reconocer que no todo es malo en esta institución de salud donde hay tanta gente prepotente que pierde su calidad humana y la visión de lo que debe ser su trabajo. Honestamente, ni el mecánico trata a tu carro como lo hacen algunos médicos y enfermeras del ISSSTE, en Iguala, con sus pacientes.
Los invito a que nos vean en mi programa de TV por internet “Manual para perversos”, todos los martes, de 5 a 6 de la tarde, por YOHUALA TV. Sólo hay que abrir el link www.xhdbt.com
Y dar play en el rectángulo negro. Consulten la programación en este diario sobre la gran variedad de programas que ofrecemos.


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miércoles, junio 01, 2011

ESCLAVO DE LA NOCHE

FERNANDO BELTRÁN, CRISTÁLIDA, MA. GUADALUPE, MA. FÉLIX, ANA EVA, GRISELDA, CARLA JOHANA, AMELIA, FERNANDO HERRERA, ISMAEL, KARLA KARINA, GUADALUPE PATRICIA, SANDIBEL, LAURA ITZEL, RANDY, CARLOS ALBERTO, ISRAEL ALEJANDRO, ALEJANDRA, ROSALÍA, LILIANA, ISIDRO CUAUHTÉMOC, LEONOR, CONCEPCIÓN Y LUIS LOZANO...¡GRACIAS! COMO ESCLAVO DE LA NOCHE Y AMANTE DE LOS SUEÑOS, EN MI CORAZÓN LOS LLEVO.



GRACIAS POR ESTE HOMENAJE QUE TRANSMITIREMOS POR YOHUALA TV www.xhdbt.com Y QUE ESTOY SEGURO QUE NUESTROS AMIGOS QUE ESTÁN LEJOS DE IGUALA, LO DISFRUTARÁN, POR EL GRAN PROGRAMA QUE HAN PREPARADO. JUEVES 2 DE JUNIO A LAS CINCO DE LA TARDE.