viernes, abril 16, 2010

MANUAL PARA PERVERSOS

ALFREDO SABE
José I. Delgado Bahena

Recuerdo, hace muchos años, cuando descubrí la palabra perverso, y la compartí con mi primo Alfredo, no sabíamos que tiene que ver con la anomalía del carácter que induce al sujeto, generalmente enfermo, a perjudicar voluntariamente a los demás por impulsos antisociales; ni que el niño perverso es cruel, mentiroso, indisciplinado, etc, o que el joven perverso es aquel que procura satisfacer sus deseos sin el menor respeto a los demás, en conclusión, pues, que el perverso no tiene freno moral.
Entonces, recapacitando, creo que en algún momento de nuestras vidas, todos hemos tenido en nuestra personalidad cierto nivel de perversión; porque con nuestras acciones, en silencio o en voz alta, se extorsiona la tranquilidad, se erosiona la libertad de aquellos que subsisten en territorios dominados por estos sentimientos.
En aquella época de nuestra niñez, cuando compartimos tantas aventuras y anhelos con Alfredo, también nos involucramos juntos en situaciones tan placenteras como riesgosas, y disfrutamos, por ejemplo, cuando ahogamos, en el agua de la barranca, los cuatro gatitos que había criado seis días antes la gata gris de doña Lupe. Y todavía se los llevamos a la pobre señora, dos cada uno, colgando del rabo, diciéndole: “mire, doña, creo que son sus gatitos, estaban en la orilla del agua, bien mojados”. La señora se preocupó mucho, los recibió sobre su delantal, los envolvió con él y los puso en una caja de madera que usaba para llevar su carga de tomate a la vendimia del mercado. Dijo, casi con lágrimas en los ojos –pues, ¿dónde más, verdad?−, que al rato los iba a enterrar y todavía nos dio dos pesos para unos dulces.
Luego, cuando teníamos trece años de edad, él me contó que dos días antes, su papá, o sea mi tío, quitó la corriente eléctrica para arreglar una conexión para su máquina, en su taller de sastre que tenía en casa. Alfredo lo vio, por la ventana, cortando el cable con sus dientes. Fue a la cocina y encontró preocupada a su mamá porque la licuadora no funcionaba; él le dijo que vio que el interruptor estaba abajo y le preguntó si lo subía. Mi tía lo autorizó y él, aún verificando que mi tío seguía mordiendo los cables, se dirigió hacia la instalación para subir la palanquita. “Desde luego –me dijo entre risas−, mi papá recibió tal descarga eléctrica que lo tuvieron que llevar de emergencia al médico”.
Así como esas, y muchas otras maldades que hicimos de niños, también de jóvenes las planeábamos y hasta intercambiábamos a las novias, sin que ellas lo supieran, claro.
De él fue la idea.
−Mira, Rupe –así me decían todos en el pueblo, porque mi nombre es Ruperto−, al rato, en la fiesta, voy a terminar con la Manuela y me voy un rato; entonces, la invitas a bailar y te le declaras, como va a estar dolida, te aceptará. Luego, regreso y finjo que te la hago de tos, pero ya con eso se quedará pensando que fue la culpable de que termináramos.
Así lo hicimos en varias ocasiones, a veces con sus novias y a veces con las mías, hasta que crecimos y nos fuimos cada quien por nuestro lado a seguir nuestras vidas.
Él se fue a la Ciudad de México a estudiar derecho en la UNAM, yo no pude entrar, por lo que estudié medicina en Acapulco.
Ahora nos hemos vuelto a juntar en el pueblo para contarnos nuestras aventuras. Las de él no las puedo decir porque mucha gente lo demandaría por todas las tranzas que ha hecho en su trabajo de abogado; y yo, sólo pequeñas bromas que les he hecho a mis pacientes recetándoles medicamentos que en vez de aliviarlos les empeora la salud, pero no los mata, o les he recetado Cialis, una sustancia que mejora tu rendimiento sexual, y han regresado muy felices diciendo que quieren más de ese medicamento.
Hasta ahora, que nos hemos reencontrado, Alfredo y yo, supimos que desde niños somos unos perversos; pero entonces teníamos la ingenuidad y la felicidad del que no sabe que no sabe, así que seguimos disfrutando del placer de la perversión, en la actualidad, con la incertidumbre del que sabe que sabe.
Escríbeme a:jose_delgado9@hotmail.com

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