miércoles, noviembre 09, 2005

DOS POEMAS



LA FLECHA

La flecha de mi brújula
apunta al norte,
en donde está mi corazón,
cofre de mis deseos,
donde te escondes.


CUÍDAME BIEN

Cuídame bien
porque siento que me pierdes:
no me dejes, por favor,
solo,
conmigo,
sin ti,
por mucho tiempo libre.
¿Qué no ves
cómo mis manos tiemblan
cuando están a punto de tocar las tuyas?
¿No adviertes en mis ojos,
por tu amor (cobarde),
que aún tengo mis dudas?
¿Qué no ves que mi vida,
en soledad,
me pierde en un laberinto
del que no puedo salirme?
No me dejes caer,
por favor,
sálvame,
cuídame.


Con cariño, para mi hija: Nancy Yanet Delgado Contreras, esperando que le gusten y que no olvide que la quiero mucho.
jose_delgado9@hotmail.com malditaspalabras@hotmail.com

sábado, noviembre 05, 2005

LA HERENCIA







El esfuerzo de la hormiga durante su labor,
el timbre con el que canta el agua que se precipita hacia la cascada,
la nube que descarga su torrente en las ciudades y las inunda,
el viento que derrumba árboles,
el rayo que desata los ladridos de los perros taciturnos,
la luna que se oculta enrojecida detrás de la montaña,
la mano del asesino ciego,
la mente del perverso,
los pies del dictador,
la llaga del corazón traicionado,
la mirada rencorosa,
las dudas, los recproches,
los temores de la melancolía,
el llanto amargo del artista harapiento,
la insatisfacción del moribundo,
el sudor frío de los enamorados no correspondidos,
la colilla del cigarro que levanta el vagabundo,
la tos del pequeño que despierta a la madre en la madrugada,
la risa de la hiena,
la paz de una casa abandonada,
la bondad del necesitado,
la angustia de la Tierra,
los intestinos de las bestias,
la rama trunca sobre la que cantó el jilguero,
la llave que no abre,
el Sol que no calienta,
el canto no cantado,
el poema nunca escrito,
el sueño no cumplido,
la vereda del mendigo,
la mano del mal amigo,
la carta extraviada y por años esperada,
las lágrimas que mojaron la mano golpeadora,
la mala palabra pronunciada en horas de arrepentimiento,
los libros malditos de los profanadores de tumbas,
la oración del desgraciado,
los besos del mal amor,
la sangre embarrada en el madero...todo esto y más,
al partir les dejaré, como herencia,
a mis valiosos lectores, con mi sincero afecto.

Dedico este texto a dos pequeños amigos (de edad) de corazón grande. Jahén y David.

jueves, noviembre 03, 2005

TEOTITLÁN IV





FOTOS DE TEOTITLÁN

TEOTITLÁN III




Bueno, intento poner otras fotos. Espero que les gusten.

TEOTITLÁN II


En fin, veinticuatro horas que me bastaron para sentir mía esta tierra, saberme protegido por su cielo azul e iluminado por sus estrellas. Poco tiempo pero que me llenó de la calidez de estas personas trabajadoras, sencillas y generosas. Poco tiempo (hubiera querido quedarme al menos dos días más), pero me alcanzó para caminar por las veredas por las que caminó David cuando fue niño, montar en burro, conocer sus zonas arqueológicas, comprar, por supuesto, un par de coloridos tapetes y llenarme el alma de las miradas cálidas de la abuela, de la mamá de David, de su primo Daniel y de su tío. Ojalá quienes tengan la paciencia para leer este texto se den un día la posibilidad de estar en este lugar y disfrutar, como yo lo hice, de este rincón de nuestra patria y, desde luego, traerse un hermoso tapete de lana tomado de las mismas manos de quienes los elaboran. Teotitlán queda rumbo a Tlacolula, a un lado de la Cd. de Oaxaca. Gracias David, gracias Daniel, gracias mamá de David y gracias Sra. Amelia por su hospitalidad y por su afecto. Ojalá un día pueda regresar a completar de llenar mi morral de recuerdos.
Con afecto, cariño y agradecimiento:
José I. Delgado Bahena

TEOTITLÁN DEL VALLE, OAXACA




No cabe duda: los artesanos de nuestro pueblo son unos verdaderos artistas. Menospreciados, subvalorados y en muchas ocasiones, explotados. El trabajo que ellos realizan, tanto hombres como mujeres, son más reconocidos en el extranjero y por turistas que por nosotros mismos.
Por eso escribo esto, ya que tuve la fortuna de estar, recientemente, un par de días en el estado de Oaxaca atendiendo a la invitación que me hiciera mi exalumno, y ahora gran amigo, David Serrano Alavez, quien es originario de este interesante y hermoso lugar: Teotitlán del Valle.
En esta comunidad, la gente tiene como principal ocupación el tejer originales tapetes de lana que ellos mismos diseñan y realizan en sus telares caseros. En cada hogar tienen, al menos, un telar con el que toda la familia aprende a elaborar, con variados coloridos y diseños los tapetes que ofrecen a los turistas que los visitan.

¡Vaya! Fue un viaje relámpago el que hice. David me llamó a la una de la tarde para invitarme. Lo pensé una vez. Decidí ir y no me arrepiento porque, además de conocer la manera en que se celebra la tradicional fiesta de los muertos, conocer este pueblo de hacedores de tapetes y caminar por las calles empedradas y pavimentadas con figuras artísticas de este suelo oaxaqueño, tuve la oportunidad de convivir con la gran persona en la que se ha convertido mi pequeño amigo David y, sobre todo, con las agradables personas que son su familia.
Estupenda abuela la de David: Sra. Amelia Vázquez Ruiz, quien es la principal tejedora del hogar. Ella, además, es parte importante de la Cooperativa DGUNNA RUYIN CHEE LAHADY (en zapoteco) "Mujeres que tejen sarapes", y son mujeres que se han unido para que juntas expongan sus tapetes y los vendan en un local que se encuentra a la entrada del pueblo.

Con afecto, cariño y agradecimiento:
José I. Delgado Bahena
jose_delgado9@hotmail.com

lunes, octubre 31, 2005

SOBRE LA MUERTE

Bueno, con motivo de las celebraciones que hacemos en estos días en nuestro país para recibir a las almas de los muertos que vienen a visitarnos, reflexionando sobre este tema, he decidido ofrecerles algunas frases dichas, en diferentes momentos de su vida, por el héroe cubano José Martí ( El del poema: "Cultivo una rosa blanca en junio como en enero para el amigo sincero que me da su mano franca...") y que he seleccionado del Diccionario del Pensamiento Martiano, de Ramiro Valdés Galarraga. Sé que les gustarán porque, finalmente a todos, en alguna época de nuestra vida nos ha calentado el alma la sangre guerrillera.

"Cada muerto es una raíz y cada vivo es un peleador."
"La vida se ha de llevar con bravura y a la muerte se la ha de esperar con un beso."
"La vida es una prueba: la muerte es un derecho."
"Grato es morir, horrible es vivir muerto."
"Nadie tiene derecho de morir mientras que para erguir la vida que le dieron le quede un pensamiento, un espanto, una esperanza, una gota de sangre, un nervio en pie."
"La noche, la noche sombría es la hora favorita de la muerte."
"La muerte es la recompensa de la vida."
"Los muertos no son más que semilla, y morir bien es el único medio seguro de seguir viviendo."
"La vida nace de la muerte."

miércoles, octubre 26, 2005

MISTERIO




Mira que te escribo
ahora que te has ido,
después de lloviznar,
con mis caricias,
en el terreno fértil de tu cuerpo,
después de que el deseo mordiera,
bravamente, el silencio.
Te escribo, a media noche,
sin volver al ayer,
sin pensar en mañana;
como paralizando el miedo
de que todo sea sólo un sueño.
Pero te escribo con mi carne
sobornada por tu lengua y tu mirada,
por tus manos tibias,
por tus palabras
que me embarras en la cara.
Te escribo ahora
cuando estás ausente
de mis brazos,
de mis manos y de mis dedos
que descubrieron tu misterio.
Te escribo callado
después de tantos ruegos
para que no te fueras,
para que te quedaras
a llorar conmigo
encerrados en el apartamento.
Pero te fuiste
y te llevaste la luna fría
que nos ha cobijado,
durante noventa días,
coronando secretos.
Y llegarás mañana
trayendo la luz de tus ojos
que tanto quiero,
y me abrazarás,
y te besaré,
y volverás a ser misterio,
sólo misterio.

lunes, octubre 24, 2005

SE LLEVÓ LAS FOTOS


Ella me abandona y se molesta porque no salgo a buscarla; pero a veces voy y la traigo a casa de regreso. Son sus caprichos, lo sé, porque quiere todo a su voluntad y privilegio.
Ayer salió llevándose tambièn las fotos que tenía en los llaveros; eso sí me dolió ( a saber con quién presumirá del amor que le di sin medida y sin tomar en cuenta los riesgos), por eso permití que me dejara en soledad sin sus besos, sin su aroma de dolor aventurero, sin sus caprichos, y sin las fotos que tenía en los llaveros.
Ya no la buscaré, es mejor que no regrese porque, con seguridad, alguien, que no seré yo, guardará en su memoria las sonrisas de los dos, en las fotos donde estamos abrazados.
Están tristes, muy tristes los llaveros. Voy a salir a la calle con mi cámara automática en busca de recuerdos.


Con afecto enorme y un cariño sin par para mi gran amiga María de Jesús Márquez, por su fidelidad y su permanencia en el cofre de los recuerdos buenos.

sábado, octubre 22, 2005

¿DE QUÉ SIRVIÓ EL AMOR?

¿DE QUE SIRVIÓ EL AMOR?

Ahora estoy sentado
ante esta máquina insensible
que entre reflejos azules
se entromete en mi alma;
y no tengo más remedio
que arrojarle las palabras.
Ayer nos despedimos
con lunas apagadas
y no sé si vendrá a verme
con amor o con lástima,
porque le quiero tanto
que ya no sé leer su gesto
o su mirada.
La noche me dice
que escriba sin dolor
(pero un gato huraño
rasguña mi garganta),
y es muy tarde ya,
casi de madrugada,
¿por qué no muero un rato
para encontrar la calma?
¿De qué sirvió el amor
que con rosas rojas
mi corazón le daba?
Quizá será mejor
que acepte mi derrota
y quiebre mi destino
que en el libro de sus ojos
mi historia redactaba,
o darle libertad
para que sea feliz
en otros brazos que no le abrazarán
con el cariño santo
que en los míos encontraba.
Pero, entonces, ¿de qué sirvió el amor
que germinó en mi jardín
y floreció por nada?
¡Protesto!
Esta máquina disfraza,
con azules palabras,
las lágrimas que,
angustiosamente,
escurren por mi cara.

lunes, octubre 17, 2005

A VECES SUEÑO...


A veces sueño que soy un niño y sueño con las cosas simples que siempre tuve entre las manos y fueron mi tesoro: las mañanas de sol, un sol tibio, acariciardor, que alejaba de mis pies, dentro de mis huaraches, el aire fresco que se filtraba entre mis dedos; la luna, esa luna gorda, cachetona, que nos gustaba ver, a mis hermanos y a mí, asomarse desde el fondo de los misterios del "Titicuiltzi", el cerro que es guardián del sol y de la luna; las estrellas deslumbrantes de los cielos nocturnos depejados, el agua cantarina que se deslizaba entre las piedras o los tepetates de nuestra barranca que nosotros presumíamos de río, y los chicampunes que nos ofrecían en el suelo, entre las hierbas, los árboles de don Nacho Taboada; la alegría y la libertad de cortar huamúchiles ( y de comerlos) en los árboles del campo...
Todo eso, que ahora intento recuperar en los recuerdos (no sé por qué) y me llegan de muy lejos, en el tiempo, cuando niños (con Queta, Chani, Toño, Odila) nuestra felicidad se vestía de lujo con otras maneras.
Y me llega la mañana florecida en la falda de la abuela María (barre que barre) levantando el polvo del tesoro de la casa: el patio. Enorme patio de suelo seco que era de oro durante el día y en las tardes de lluvia era un mar.
Sueño que soy niño...y salgo a caminar, descalzo, entre la corriente, después de la lluvia, que bajaba por la calle ancha arrastrando piedras, lodo y ramas de guajes y guamúchiles que abundaban en mi pueblo.
Sueño con eso y más...y, sobre todo con la mirada atenta de mi madre aguardando mi regreso de la escuela y con la mirada de mi padre que juzgaba mi cabello si estaba un poco largo para llevarme al peluquero.
Cosas simples que hoy me trajo la memoria (no sé por qué) y me hace pensar en mi pueblo, en mi familia, en mis padres y en quellos años de mi niñez que parece que están lejos pero que, por siempre, en mi corazón con cariño los conservo.

Ellos son mis padres. Y publico así sus fotos, además de la anterior, por todo lo que nos han dado con el amor que se tienen y se dedican día a día.

sábado, octubre 15, 2005

EL MEJOR LUGAR


EL MEJOR LUGAR

El mejor lugar
en donde he estado
es este lago dulce
de tu cuerpo,
las estrellas fugaces
de tus ojos
y la

p
r
o
f
u
n
d
i
d
a
d
nocturna

de tus besos.

Con un saludo para mis amigos los poetas del grupo Transgresión, además de una felicitación por el éxito del Festival Franciscano en Iguala.
jose_delgado9@hotmail.com

viernes, octubre 14, 2005

TE ESTOY PENSANDO


TE ESTOY PENSANDO

En el silencio que raspa la noche
incrustada en mi cuarto,
te estoy pensando
como éramos ayer: gato y garabato, sol y agua,
viento y frío,
la luna en el retrato.
Pienso que te quería
con tu voz turbia, lejana y taciturna;
con las manos en el hielo,
con mi sangre hirviente
que se desliza en la conciencia del no olvido
entre el laberinto del perdón nunca exigido.
Y sé que estás, duramente,
permanentemente,
como un grito callado,
como una revelación acobardada,
como un sueño no soñado,
como una guerra perdida
que dejó un corazón -el mío-
minusválido.
Te estoy pensando y te conozco allá:
en el otoño recobrado,
en la espiga derrumbada,
en la llaga oxidada,
en el sueño interrumpido,
rasguñándome,
como siempre,
el alma.

jueves, octubre 13, 2005

DESDE UNOS OJOS TIBIOS

DESDE UNOS OJOS TIBIOS


Desde unos ojos tibios
he vuelto a mi soledad,
derrotado;
en las montañas lejanas,
el sol, que alumbraba mi camino,
se ha ocultado.
Y en esta oscuridad
regreso a mi dolor,
a mis manos huecas,
al sabor amargo.
Una espinita, apenas,
como alfiler de oro,
(y ha sido suficiente)
me ha matado.
¿Por qué habré permitido
que naciera esta flor
en mi viejo corazón
atormentado?
¿Cuándo cerré los ojos
para perderme en su risa,
en su amor cobarde,
ilusionado?
Desde unos ojos tibios
regreso a mi tristeza,
a mis sábanas frías,
al mar abierto de mi llanto.

martes, octubre 11, 2005

FRASES CÉLEBRES

COMPARTO CON USTEDES ALGUNAS FRASES QUE ENCONTRÉ Y QUE CREO NOS HACEN REFLEXIONAR UN POCO PARA VER A LA VIDA CON UN DOLOR DIFERENTE.

"Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo."
Fernando Pessoa


"La mitad de nuestras equivocaciones nacen de que cuando debemos pensar,sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos."
Proverbio británico

"Ves cosas y dices: "¿Por qué?" Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo: "¿Por qué no?"
George Bernard Shaw

"Los amigos son aquéllos que nos preguntan cómo estamos y que se esperan a oír la respuesta."
Ed Cunninngham

"Ofrecer amistad al que busca amor, es dar pan al que se muere de sed."
Anónimo

"No busques un amigo para matar las horas, búscale con horas para vivir."
Gibrán Jalil

"La edad no protege del amor. Pero el amor protege de la edad."
Jeanne Moreau

"Ocurre a menudo que un hombre, enamorado de un lunar, comete el errorde casarse con la muchacha entera."
S. Leacock

"Es triste mirar al mar en una noche sin luna pero más triste es amarsin esperanza alguna."
J. Efraín Suazo

jueves, octubre 06, 2005

EN LA SOLEDAD DEL LLANTO


EN LA SOLEDAD DEL LLANTO

Se conocieron a un punto
en la soledad del llanto
él con ojos de nostalgia
ella con dolor y quebranto.
Se vieron y se amaron
con llagas en los sueños
sin pasado glorioso
vacío su universo.
Sus manos frías siempre
con hambre de cuerpos.
Sus pechos doloridos
con sed de recuerdos.
Era la noche eterna
de las muertas esperanzas.
Sus ojos dos cavernas
sus miradas lágrimas.
Él le dijo “Luna de oro”.
Ella contestó “Te quiero”.
Él tocó sus labios ciegos
con la punta de sus dedos.
Ella raspó su garganta
con su lamento.
Los suspiros navegaban
desde un pecho a otro pecho
y se tendieron al aire
en silencio.
Ella le besó los labios
aún fríos y desiertos.
Él acarició su espalda
y la humedad de su sexo
palpitante.
Le dio un beso.
Ella se metió en sus brazos
y en el río turbio
de su aliento.
Era la luna de plata
en las sombras de sus cuerpo
en la soledad del llanto
en la noche del recuerdo.


Con afecto para mi amigo Carlos Alejandro Vázquez Martínez por el gusto de contar con su naciente amistad y con la seguridad de que se trata de una persona honesta y confiable, este poema en el que hice un experimento con las pausas, sin más signos de puntuación que algunos puntos. Ojalá te guste y que sigas escribiendo tus narraciones. Además invito a que lo visiten en: http://spaces.msn.com/members/wishmaster3329

miércoles, octubre 05, 2005

MIENTRAS LLEGA LA HORA


Ella vestía de blanco, como una aparición. Estaba de pie, junto a un poste, igual que yo, supuse, esperando a su hijo que saliera del colegio.
Me vio y me sonrió con una media luna brillándole en la boca.
Me acerqué y le pregunté la hora -pensé que era un reloj la pulsera que llevaba en su muñeca izquierda.
Extrañado, vi que sus ojos se hicieron pequeñitos, parecía reconocerme.
Me dijo que aún no, que faltaba poco pero que aún no era la hora para mí.
No supe qué decirle, ni tiempo tuve. En ese momento abrieron las puertas del colegio y caminé hacia la puerta en busca de mi hija para llevarla a casa.
De pronto, como un alarido, se escuchó un grito espantoso de una mujer. Todos volteamos en busca de la persona que se había desgarrado la garganta ahí, frente a la escuela primaria a la que asistía mi hija. En ese instante sentí la mano de mi pequeña que apretaba la mía y la cargué estrechándola con fuerza contra mi pecho.
-Papá -me dijo entre sollozos- atropellaron a un niño, creo que es Miguel, mi amigo.
-Vamos a ver -le dije.
A escasos quince metros de nosotros se había formado un círculo con los brazos de varias personas para abrir un espacio para el personal de la escuela que ya atendía al pequeño Miguel dándole los primeros auxilios.
Fueron inútiles las atenciones, con desaliento, le informaron a la afligida madre que Miguel había fallecido.
Entonces, cruzando la barrera humana, sin ningún impedimento, la mujer de blanco, con sonrisa de media luna, se acercó al pequeño que estaba tendido en el piso y tomàndole de la mano lo condujo fuera del círculo.
Yo veía todo y seguí con la mirada absorta a la mujer llevando a Miguelito, pero, al voltear hacia el centro, pude ver que los paramédicos de una ambulancia de la Cruz Roja levantaban en una camilla el cuerpo inerte y sangrante del niño.
Nuevamente volteé en busca de la mujer y, a lo lejos, los vi tomados de la mano, caminando entre la gente, como dos enamorados que, recién casados, se dirigen con ansiedad plena al lecho nupcial.
Nuevamente apreté con fuerza a mi hija y acepté que aún no llegaba la hora.

Con afecto para mi amiga la doctora Angélica Alcalá, agradeciéndole sus atenciones y su preocupación por mi salud.

martes, octubre 04, 2005

DICE SABINES...

Dice Sabines
que la luna hay que tomarla
a cucharadas,
y estoy de acuerdo;
sin embargo,
creo que primero
hay que darle dos o tres mordidas
hasta que le sangre el alma.

¿QUÉ VA A SER DE TI CUANDO ME VAYA?

¿Qué va a ser de ti
cuando me vaya de tu lado?
¿Quién te dirá que te quiere
con la emoción temblando
en un arca cerrada?
¿Quién lloverá en tus ojos
con el dolor
de cada madrugada?
Y tus brazos, tan tibios,
¿dónde hallarán este calor
que en mi cuerpo encuentran
todas las mañanas?
¿Qué va a ser de ti
en las noches frías
y en la desesperanza
de la luna de tu sexo
en el espacio enorme
de tu cama?
¿Quién nacerá desde tu vientre
hasta tus pechos dulcísimos,
como yo lo hago,
rasguñando la noche
de tu almohada?
¿Qué va a ser de ti?
¿Y…qué va a ser de mí,
cuando me vaya?


Con un saludo para mi pequeña amiga Zel. Gracias por tus comentarios. Y para todos mis amigos los poetas del grupo Transgresiòn, de Iguala, que ahora están muy ocupados con el Festival Franciscano.

lunes, octubre 03, 2005

AMIGO JAHÉN

Quería escribirte algo, un buen texto que te dijera todo lo que siento por ti y no pude hacerlo, simplemente porque ya te lo he dicho todo y por todo eso que ya te dije sólo me falta decirte una cosa: ¡Gracias!
Gracias por ser mi amigo.
(Ya no digamos mi sobrino y ahijado, confidente y cómplice)
Amigo, gracias por estar junto a mí y por permitirme estar cerca de ti. ¿Qué más te puedo decir?
Gracias.

sábado, octubre 01, 2005

EN LA LUNA


A Diana le dijeron un día que de un salto no iba a llegar a la luna, pero si no daba ese salto nunca iba a tener la seguridad de que sucediera o no. Y sólo por eso se atrevió a comprobarlo.
Esperó pacientemente a que la noche cayera sobre el pueblo, y cuando la luna se encontraba a tres cuartas del horizonte iluminado por sus fríos rayos, buscó una roca , la más alta que encontró a la orilla del río. No era tanta la altura, apenas metro y medio, como para sentir miedo en el salto ("De un salto no vas a a llegar a la luna", le dijeron.) o como para temer que pudiera lastimarse un pie al caer. Por eso, con la confianza en lo dicho, dirigió con firmeza su mirada hacia la gorda luna que tenía frente a ella, abrió los brazos, llenó de aire sus pulmones, cerró los ojos e impulsándose con toda la fuerza que sus delgadas piernas le permitieron, saltó.
Aún con los ojos cerrados, y con el mismo aire dentro de sus pulmones, sintió que el tiempo se detuvo, y hasta que abrió los ojos se pudo dar cuenta que descendía lentamente en el brillante suelo lunático.
También hasta ese momento en que sus pies tocaban el polvo espacial levantando una pequeña nube que flotaba alrededor de sus tobillos, comprendió que más vale no creer todo lo que nos dice la gente.

Lo dedico con afecto para Diana Figueroa Piedragil, con mi agradecimiento por prestarme el nombre.

TE VOY A CONTAR




Mira: te voy a contar: hoy pensé en ti catorce veces,
pensarás que miento, que no es posible contar las veces que se piensa en alguien.
Y, aunque te parezca absurdo, las conté, de veras, te lo juro.
Ya sabes que no miento y si te digo que mañana te pensaré sólo
dos veces, no lo dudes: así será.
Pero, comencemos otra vez:
pensé en ti catorce veces, sólo que nueve de esas veces
te pensé sin mí
y me dolió el vacío que yo dejaba en ti.
No sé por qué aún me preocupo por ti después de todo:
regalaste el peluche, tiraste el anillo y vendiste los recuerdos.
Lo supe un día que te sentiste frágil
y dejaste que las palomas de la sinceridad
te adornaran los ojos.
Desde entonces no dormí pensando en el mono
que te compré en la feria,
en el anillo que los dos besamos
y en las tardes sin sol en las que juntábamos los cuerpos
para iluminarnos el intelecto.
Ayer llovió y sopló un viento tan fuerte que derribó un árbol.
Era enorme el árbol. Cuando cayó, las aves que lo habitaban
se delataron y el Garfield de la casa
se dispuso a darse un buen banquete.
Ya ves: te cuento lo que no interesa más que a los ecologistas
y todo para no decirte que te extraño,
que hay mucho ruido en la cocina
mientras escribo esto y que las cinco veces
restantes en las que te pensé
te vi junto a mí, de la mano, una,
tu cabeza en mi hombro, otra ( y van dos),
bailando pegados en la penumbra de la noche (tres),
recuperando monedas en los camellones de las avenidas (cuatro) y,
por último, derritiendo helados en las sábanas
de nuestra cama.
Ya lo ves, olvidaba decirte que Garfield
sólo atrapó a un polluelo
y quedó con hambre (y no es raro, siempre está exigiendo
su ración de comida que le tiramos en el piso).
Pero bueno, espero que las veces que te piense mañana
me den más probabilidades de sobrevivir
a la falta de ti
en el tacto de mis manos.

martes, septiembre 27, 2005

HISTORIA DE UN LUNES


La historia comenzó en lunes. Como siempre, ese día él pensaba que la vida transcurriría igual, deslizándose en la rutina de sus tardes solitarias. Siempre se imaginaba sentado sobre una roca, observando el sol hundiéndose en el horizonte, tragado por el mar rojizo que se le aparecía en sus sueños y le hacía despertar en la madrugada lamiendo sus lágrimas.
Pero sólo era un sueño porque vivía en la Cd. de México,donde solamente existe un mar de smog que te envenena los pulmones y las conversaciones.
Era lunes, por eso sintió la carga más pesada que nunca. Si hubiera sido viernes habría sentido, como todos, más prometedor, sin menos pesadumbre en los ojos y en el corazón. Por eso, cuando Delfina, su novia, le dijo por teléfono, que había pensado bien las cosas y que era mejor que su relación se encerrara en un paréntesis, creyó que de pronto el día se transformaba en noche y se metió en la cama para ver si era otra de sus pesadillas y que al despertar volviera a sentir el sol quemándole la espalda.
Entre suspiros se quedó dormido y cuando despertó la noche bañaba la ciudad y el barrio en el que vivía le invitaba a caminar para desahogarse del mar de soledad en el que naufragaba.
Cerca de ahí una sinfonola dejaba escapar una rola de un tal Lupillo Rivera y se sintió atraído por la letra y los olores a perfume barato que salían de la cantina "La Lola", que estaba a media cuadra de la vecindad donde vivía.
Era lunes, por eso no le extrañó que hubiera sólo dos clientes en una mesa acompañados de tres chicas. Una de ellas, al verlo entrar fue a su encuentro y lo recibió con un beso en la boca, lo conocía, por supuesto.
Se sentaron cerca de la música y otra joven de pechos a lo Sabrina les llevó un plato con cacahuates. Él pidió dos cervezas y se derrumbó en el hombro de "Sabrina", motivado por la canción soltó el mar de penas que empapó el cabello que le caía a la chica sobre la espalda.
Y eso fue lo único que recordó después cuando despertó en un hotel barato de Acapulco, al lado de aquella chica que hasta entonces supo que se llamaba Selena.
(Continuará)

jueves, septiembre 22, 2005

NOS ROBAMOS LA LUNA

Con mucho afecto para mi ahijado Ricardo quien se encuentra en Estados Unidos, estos dos poemas que publiqué en mi libro Malditas Palabras y que dice que le gustan. Un saludo para su familia.

DEFINITIVAMENTE, TE QUIERO.

Te quiero como el otoño a la luna,
como la barca al remo,
como el llanto a su recuerdo.
Te quiero y te pienso
con tu voz rebelde
desafiando al tiempo,
con tus ojos luminosos
llenos de luceros,
con tu boca ansiosa
y con el temblor ardiente
de tu cuerpo.
Te quiero como el paso al caminante,
como el pez a su pecera,
como la tormenta al trueno.
Te quiero así, como eres:
dolor de los domingos,
agua del sediento,
levedad del sueño.
No sé por qué,
ni cómo, ni cuánto;
pero, inexplicablemente,
definitivamente,
te quiero.


NOS ROBAMOS LA LUNA


A pesar de todo
nos robamos la luna.
Mi alma pendía de un hilo
en tu corazón intacto,
nuestras manos enlazadas,
los silencios agraviados,
y mi amor
en tu maleta guardado.
La pasión se había perdido
en el laberinto
de la tarde,
el agua fresca intentaba sofocar
el calor de mis manos
que a tus pechos quemaban.
El sol caía en las montañas,
nuestros cuerpos en la cama,
tus ojos eran ruegos,
nuestros sexos una llama,
y nos robamos la luna
con promesas no cumplidas.
La luna besó tu espalda.
A pesar de todo:
de la batalla librada,
y de la confesión
del secreto de una carta,
nos robamos la luna
satisfechos,en la cama.


jose_delgado9@hotmail.com

domingo, septiembre 18, 2005

LLUVIA DE ESTRELLAS


Lluvia de estrellas hay en mi corazón
porque, con tu partida (aunque me asombra mucho),
no hay dolor.
Deveras, no es conformismo, ni paz interna
o resignación; es dulce calma, brisa de otoño,
mar apacible, tierna canción.
Sé que esperabas que te llorara y que implorara por tu perdón,
o que en silencio y en la penumbra yo me quedara con la derrota
en mi habitación,
o al menos fuera tras de tus pasos, como otras veces,
tragando el humo de tu rencor
y que en tu calle yo me quedara bajo la lluvia
ilusionado porque salieras y que trajeras la paz de mi alma
con tu pasión.
Mas, sin embargo, en la tristeza que ahora me dejas
ya no hay dolor,
porque el recuerdo de tu cariño me lo ha cambiado
por una flor.
Ahora, sereno, cierro mis ojos
y entono a solas nuestra canción,
y este amor nuestro que arrastró el viento
derrama estrellas, luces benditas que me iluminan
el corazón.

jueves, septiembre 15, 2005

¿DE QUÉ HABLA LA GENTE?


Emmanuel me dijo: "La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de las cosas, la gente mediocre habla de la gente..." No sé si él la haya creado pero la compartió conmigo y, la verdad, qué profundidad tienen estas palabras. ¿En qué perdemos el tiempo, generalmente? La respuesta es obvia: en hablar de los demás, de lo que hacen, de lo que hacen bien, d elo que hacen mal, de lo que no hacen; pocas veces valoramos lo que dicen, lo que piensan... Y es que, de todos podemos aprender algo, sin importar la edad. Si un anciano está lleno de sabiduría por su experiencia, la ingenuidad de un niño también nos permite vislumbrar verdades que se ocultan detrás de la venda que por la malicia del mundo nos cubre los ojos.
"La gente inteligente habla de ideas...", me dijo. Y eso,por supuesto, es muy inteligente, como él.
Ahora quiero compartirles unos versos sueltos que nacieron motivados por últimas experiencias:
"Oigo cantar al agua
cuando se desprende
de la nube taciturna;
canta la luz que nace de la luna,
canta el viento;
pero mi corazón ya no canta:
murmura..."
"¡Qué noche, la de anoche, la que tú y yo vivimos!
Sedientos, nos bebimos la luna
y entre besos y promesas fingimos el regreso
a la misma estación, a la que volvemos siempre
después andar como locos bajando estrellas."
"Pero regresas siempre, diciendo que me extrañas,
y yo tan estúpido soy
que te perdono todo,
te perdono todo, todo;
sólo por volverme a ver en la tristeza de tus ojos."
"De pronto llegas y enciendes la hoguera
en donde hay sólo cenizas,
y no me pregunto si te amo todavía,
¿para qué?, eso lo sé desde siempre
porque entre las cenizas alguna brasa queda."

Un saludo para amigas y amigos muy queridos,como otros más.
Guille, Jahén,Aline, Zandra, David, María, Laura, Juan Carlos, Gibrán, Lupita Austria, Armando, Miguel Sierra, Miguel Perianes, Etc.

domingo, septiembre 11, 2005

CON LA VERDAD EN LA MANO

Èl vino a mi casa con la verdad en la mano.
Es un buen amigo que me regalò una tarde soleada y con arena.
La tarde se hizo noche y entre la bruma de las primeras sombras
me dibujó una luna huraña y quebradiza que se perdía en las copas de los árboles.
Con el paso de las horas y uno que otro tequila la vereda de la charla
nos llevó hacia la poesía.
Me dijo que leía mi libro todos los días y que al menos dos o tres poemas
le acompañaban en la soledad de sus horas nocturnas.
Para mi vanidad, me habló de los versos que le quemaron en lo más profundo de sus emociones.
Yo le escuchaba advirtiendo una sombra de rencor en sus pequeños ojos.
No supe qué decirle. Sólo expresé, con la timidez que me caracteriza, un gracias que, al parecer, no fue suficiente porque agregó que su padre le pide mis "Malditas Palabras" de vez en cuando e igual que él se encierra en ese mundo de nostalgias y soledades.
Hubiera querido tener en mi boca las palabras suficientes para agradecerle que
tuviera el valor de ayudarme a soportar estos sinsabores.
Él no sabe (creo que lo imagina) que al compartir lo que escribimos lo hacemos para no tener que llevar, solos, por la vida, carga tan pesada.
Pero bueno, al fin de cuentas la vida fluye y como otros versos se han resbalado entre el nudo de mi garganta escurriendo por mis dedos, le obsequié poemas nuevos.
Creo que aumentará el nivel de su melancolía. No me culpo, cada quien sabe el tipo de amigos que mete en su costal de afectos. No sé si un día decida hacerme un reclamo formal, por lo pronto, si lee este mensaje, quisiera decirle( por si no se dio cuenta) que, al despedirnos y estrechar su mano, deposité en ella un pedacito de luna para su amuleto de buena suerte.
Ojalá que la vida nos permita hacer el viaje que proyectamos para dejar en un terreno neutral los peros y los porqués de tanta soledad contenida en mis poemas.

Con afecto, para mi amigo Miguel Ángel Sierra Ferrer, por su agradable compañía y por su amistad sincera.

miércoles, septiembre 07, 2005

EL ESPEJO EN LA PARED


EL ESPEJO EN LA PARED

El espejo en la pared, a un lado de la puerta
(es un lago llano convertidor de sueños);
el piso, de madera,
la mesa, la máquina, las plumas,
los libros y las velas:
el espacio inerte,
(la noche rueda).
Afuera: la calle, la luz, gente que va y viene,
(mi alma en pena).
Una canción, tres llamadas (ninguna contestada),
una esperanza muerta.
Más adentro: la soledad, el llanto,
la nostalgia;
el frío aumenta.
Hay una lluvia adentro
y hay otra lluvia afuera.
(Alguna vez te pregunté: “¿Qué será de ti
cuando me vaya de tu lado?”,
mas no sabía que sería yo
el abandonado.)
Está todo:
el vino en la hielera,
el agua tibia,
mis ojos tristes,
mis manos frías,
la cama intacta.
En mi pecho se expande un grito:
mi resistencia a prueba.
Cuento las horas: diez, doce, treinta y seis,
ciento cuarenta.
El reloj, la carta (la duda),
lágrimas.
Todo está: tu foto en el llavero,
los poemas, las tarjetas,
los recuerdos,
y el espejo,
en la pared,
que nos vio a los dos,
como no vienes,
ahora está ciego.

miércoles, agosto 31, 2005

EN LAS CALLES DEL OLVIDO

ME CONVERTÍ EN CAMINANTE SIN RUTA Y SIN SENTIDO CUANDO EMPECÉ A ANDAR POR LAS CALLES DEL OLVIDO.

Suena común, por supuesto, el decir que si la llave del amor se cierra se abre la del olvido, y qué bueno que fuera así siempre; lo peor es cuando se abre la del rencor y vacía toda la pus que traemos dentro.
Sin embargo, dicen los médicos que para que una herida sane es elemental extraer todo lo podrido para que lo que esté aún sano se regenere y el organismo se rehabilite.
Eso, en los asuntos del cuerpo está bien, pero ¿en las cosas del alma valdrá igual?
¿No será que al sacar frente a la persona que se ha amado la podredumbre del corazón, los gusanos del odio se apoderen de los buenos recuerdos, que siempre hay, los devoren y nos hagan naufragar en el lodo podrido del resentimiento?
Yo creo que cuando una relación ha tocado fondo y los garfios de la desconfianza, las dudas, los celos y reclamos te enganchan en la profundidad del pozo turbio del desamor, más vale encaminarse hacia las calles del olvido para no envenenarse el alma.
Y es que, finalmente, ¿quién puede declararse cabalmente limpio, inocente y puro en una relación de pareja? ¿Alguien podrá garantizar el 100% de fidelidad, honestidad, respeto y amor? Porque estas son las condiciones para no hacer llover el agua ácida de la desconfianza en el corazón de los enamorados.
Bueno, ya sin tanto rollo, como diría Jesús: "Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra". De manera que más vale no hacer alto en la casa de las riñas, aceptar que la llaga no podrá sanar por sí sola, que necesitamos ayuda y caminar por las calles del olvido sin nuestra pareja aunque se corra el riesgo de inundar nuestra habitación con rìos de nostalgia, desolación y abandono.
Así lo creo: u olvidas y perdonas todo, o no perdones pero te alejas y te olvidas de la otra persona, rescatando las cosas padres con las que revitalices tus sentimientos y te protejas para sobrevivir a la lluvia de vidrios rotos del final de una relación amorosa.
Y si se da así, tan tranquilos todos, ¿no?


AYER

Ayer tuve tus manos,

como palomas: suaves,

entre las mías encendidas;

también tuve tus ojos,

húmedos de luz,

escurriendo lloviznas,

en mi pecho tuve tu nostalgia comprimida;

a veces eras tristeza,

a veces alegría.

Hoy no tengo ni tu nombre

porque,

poco a poco,

se me olvida.

martes, agosto 23, 2005

EL SUR EXISTE...A PESAR DE TODO

RESEÑA DE ACAPULCO

“EL SUR EXISTE…A PESAR DE TODO”
José I. Delgado Bahena

A ver, ¿quién se apunta? –preguntó Luis Luna durante la sesión de uno de tantos viernes en los que, como grupo de poetas Transgresión, nos hemos reunido en el bonito restaurante de Celia y Milo, de Iguala-. Aquí está la propuesta de Mauricio (Leyva) –continuó- para participar en el XVI Encuentro de Escritores que organiza el Grupo Cultural Alebrije de Acapulco.
-¿Cuándo se llevará a cabo? –preguntó Danira, con el bolígrafo en la mano dispuesta a tomar nota con el interés a flor de piel.
Fue Fernando Antúnez quien, por ser el presidente del grupo, tenía completa la información.
-Se trata de asistir durante dos días –dijo Fernando-: viernes 12 y sábado 13 de agosto. El primer día se leerán cuentos y al siguiente poesía.
-¡Yo me apunto! –exclamé emocionado levantando mi mano con insistencia y emoción pensando en la posibilidad de asistir a un evento en el que no sólo iría a compartir; sino que también saldría nutrido al escuchar las diversas propuestas de los escritores.
Se agregaron a la lista el mismo Fernando, Luis, Maricela, Estela, Danira, Adolfo, Zel y Mauricio, por supuesto, considerando que él había traído la invitación.
Claro que yo contaba con la disposición por estar de vacaciones y ya me imaginaba en el puerto, con su calor húmedo y su brisa marina envolviéndonos el alma con el fluir de los versos y las narraciones.
Y como no hay plazo que no se cumpla llegó el día esperado. Enterados todos de las condiciones y horarios para participar en este encuentro, decidimos irnos cada quien por nuestra cuenta debido a las ocupaciones de algunos. Yo, con la previsión que me gusta tener para viajar, decidí comprar mi boleto un día antes y llegar con anticipación al lugar denominado “La Casona de Juárez”, allá, en Acapulco.
“La Casona de Juárez” es una casa antigua que ha sido conservada por las autoridades municipales para ofrecer ahí eventos culturales y se llama así por estar ubicada en la calle de Benito Juárez., muy cerca de la Costera y del zócalo.
De manera que fui el primero en registrarme como participante ante los organizadores y el primero en ser hospedado en un hotel cercano a “La Casona”. El hospedaje de todos los foráneos, debo aclararlo, fue cubierto por el Grupo Cultural Alebrije, al parecer con el apoyo del Lic. José Castañeda Dimayuga, Director de Cultura del municipio.
Con ansiedad y nerviosismo, por no saber nada sobre los participantes e invitados que estarían valorando los trabajos de todos, preparé los textos que llevaba destinados para leer en ese día de narraciones: “Ojos de perro”, “Es martes y parece viernes” y “¡Vaya susto!”.
Un poco antes de iniciar el encuentro llegaron los demás compañeros de Transgresión, no todos, la mayoría, y de inmediato nos dispusimos a difundir los folletos que contienen algunos de nuestros poemas, así como la revista Reevolución.
Eran las cinco y media de la tarde cuando se efectuó la inauguración del evento y dio comienzo la presentación de los trabajos por medio de los autores y, como es de suponer, por ser el primero que realizó su registro, yo abrí la serie de lecturas de narraciones. La verdad, no quise abusar y sólo leí los dos más cortos.
Y transcurrió la tarde y parte de la noche inmersos, todos, en atmósferas tan variadas como la diversidad de los temas que los participantes nos ofrecieron en sus textos. De manera que íbamos del amor a la soledad y de la degradación del ser humano a los ideales embarcados en los cuentos, relatos, anécdotas y sainetes.
Con el alma en un hilo, como se dice comúnmente, escuchamos relatos tiernos como el del “Perro Callejero”, Zhervando Basilio, quien le dedica a su maestra, que le enseñó las primeras letras, su texto y, estoy seguro, nos hizo recordar a todos a aquella maestra que tuvimos en nuestro primer grado de educación primaria. Pero también nos desgarró la conciencia el cuento sobre la violación de un niño, así como las arbitrariedades que se cometen con la gente humilde, campesina, que les hace cambiar las miradas a los hijos de padres asesinados. Y estos temas nos hicieron desear que fueran, realmente, sólo cuentos porque nos impregnaron de una sensación de desconfianza mezclada con rebeldía y coraje.
Al día siguiente, preparados todos con nuestros poemas, dio inicio la sesión a las cinco de la tarde con una participación de nuestra compañera del grupo Transgresión Maricela Arzate. Inició ella porque nos compartió un relato, muy triste, pero lleno de emotividad.
Enseguida, el coordinador del Taller El Alebrije, Lic. Humberto Aburto Parra, hizo la presentación del escritor jaliciense Eusebio Ruvalcaba, quien fue enviado por CONACULTA a solicitud de los organizadores para que platicara con los asistentes al Encuentro sobre “El ingrato oficio de escribir”.
Entre muchos de los conceptos que nos compartió en su conversación con el público, nos dijo: “Lo que se necesita para acercarse al acto de escribir es humildad, voluntad y entusiasmo”. Agregó: “En la vida de cada hombre está el secreto de toda la literatura”.Concluyó afirmando: “Sólo se sabe que un escritor tienen talento cuando, al leerlo, te conmueve”.
Después de la ponencia se realizó la lectura de poemas con la misma intensidad en las emociones que el día anterior con los sentimientos desbordando nostalgia, tristeza, melancolía, rebeldía, ausencia, valor y, por supuesto, el amor.
En esta ronda participamos todos los del grupo de Transgresión que asistimos al evento.
Desde afuera, el mar nos enviaba una sinfonía que nos envolvió y bañó nuestras emociones que se encontraban dispersas uniéndolas en un solo sentimiento: agradecimiento.
Agradecimiento por la apertura de este Grupo Cultural, ya que con su postura incluyente abre los micrófonos para todas las expresiones sin importar ideologías, sexo, edades e incluso nacionalidad. En esta ocasión pudimos escuchar la creatividad de Escritores guerrerenses: de Chilpancingo, Tixtla, Iguala, Atoyac, Acapulco; michoacanos, un dominicano y hasta un canadiense; niños, muchos jóvenes, otros no tan jóvenes, pero todos con el mismo entusiasmo que nos mantuvo presentes hasta las diez treinta y siete de la noche, hora en que se clausuró el encuentro y se entregaron reconocimientos.
Ah, olvidaba registrar que durante la mañana, aprovechando un poco de tiempo libre, salimos a dar una vuelta con un amigo de Fernando: Cristóbal Alfonso Hernández Mejía quien, muy amablemente, se puso a nuestra disposición y a bordo de una camioneta nos regaló un viaje por toda la Costera hasta Puerto Marqués, ilustrándonos con información que desconocíamos de nuestro, todavía maravilloso puerto mexicano.
Ya por la noche, al término del evento se escuchó la voz alegre de Luis quien propuso:
-¿Qué les parece si vamos al mirador de la Quebrada a tomar un poco de la brisa del mar?
¡Y claro!, por supuesto que aceptamos. Así: entre risas, anécdotas, reflexiones y chistes le dimos vida a las últimas horas que nos quedaron, por esta ocasión del Encuentro Estatal de escritores en Acapulco, con la esperanza de que el próximo año nuestro grupo de poetas Transgresión, vuelva a tener la oportunidad de participar, ojalá.

domingo, agosto 21, 2005

EL PERRO CALLEJERO

Hace una semana participamos, como grupo de poetas Transgresión, en el Encuentro Estatal de Escritores que, año con año, organiza el grupo cultural de Acapulco.
He escrito ya una reseña como colaboración para la revista cultural Reevolución de Iguala, Gro., pero en este espacio quiero comentarles que conocí a un escritor que emocionó a todos con sus textos, uno de ellos dedicado a su maestra de primer grado de educación primaria.
Durante el evento distribuyó sus libros y uno de ellos: "Un sueño de libertad", contienen relatos llenos de sensibilidad. Son recuerdos del autor Zhervando Basilio Rodríguez, originario de Tixtla, Gro., quien se hace llamar El Perro Callejero.
Les voy a compartir algunas frases que, aunque parecen muy sencillas están impregnadas de una gran responsabilidad y un profundo sentimiento callejero.
"A otro perro con ese verso"
"El peor perro atrapa un verso"
"Más vale perro conocido que poetas por desconocer..."
"El perro callejero soñó con ser poeta y sólo llegó a ser el más humilde aprendiz de sueños"
"Perro que escribe torcido jamás su verso endereza"
"Cuando mires a un perro callejero primero piensa en la libertad"
"Perro que no has de leer déjalo correr"
"Perro que prueba libertad aunque le quemen el hocico"
"Perro y figura hasta la sepultura"
"Si no existiera el perro callejero, ¿cómo les platicaría mis sueños?
"Todos los sueños se parecen a su perro"

miércoles, agosto 17, 2005

OJALÁ QUE LA LUNA

OJALÁ QUE LA LUNA

Ojalá que la luna siga atorada allá, arriba,
en tus anhelos,
con su sonrisa de plata
y su diadema de oro;
aún cuando los enamorados tristes
la hagan descender hasta sus pechos,
y se regocijen con ella
bajo su piel y entre sus huesos.
Ojalá que su luz
se incruste en tu cabello
y te resplandezca el alma
para que, en mi ausencia,
encienda mi recuerdo.
Ojalá que tus ojos
ya no persigan formas luminosas
y que la luna sea
el mejor de tus espejos;
porque, ¿sabes?,
cuando te digo, con este dolor ciego,
que ya no voy a verte,
es porque mi corazón se quema
en el terrible y maldito
infierno de los celos,
y el sol cabe en mi puño tembloroso
en el que escondo el miedo
de que otra voz te diga, como yo,
que el amor vuelve
cuando me das un beso,
cuando tomas mi rostro entre tus suaves dedos,
o cuando nos miramos,
a la luz de la luna
que se enreda en tu pelo,
con los ojos del alma
que se hablan en silencio.
Ojalá que la luna siga atorada allá, arriba,
en tus anhelos,
para que nunca olvides
lo mucho que te quiero.

jueves, agosto 11, 2005

COMO EN LA VIDA

COMO EN LA VIDA

Como en el vaso, en la vida,
el agua se derrama;
rompe el borde, primero,
como se rompe el alma,
luego se libera
con hilos de esperanza.
Como el agua en el vaso,
en mi vida también pasa.
Porque la luna es llaga
y el amor una brasa;
porque hay una sombra fría
que se estampa en mi cara,
que me cierra los ojos
y se mete en mi cama.
Pero aún así, la verdad,
no pasa nada.
Ni un caracol dormido,
ni una brisa oxidada,
ni un perro lastimero,
ni una poesía vana.
Sólo el ruido seco
del agua derramada
que se incrusta en mi cuerpo
y en el fondo de mi alma
como una daga, como un rayo,
como un desierto enorme
en el que nada pasa.
Solo.
En la desventura infinita
de la perla llorada;
en el ruego de un bosque,
en el mar de mi casa,
en la aguja del grito
que muerde mi ventana,
hay tan solo, muy cerca,
tan cerca que me abrasan,
un sueño contenido
y una luz congelada;
hay, también,
el dolor del vencido,
la soledad del paria,
el perdón del amigo,
el llanto de una carta.
Como el vacío del vaso
por el agua derramada,
mi corazón duerme
con la puerta cerrada.

viernes, agosto 05, 2005

ESCRIBO POESÍA

¿POR QUÉ ESCRIBIMOS?

Escribimos porque nos hemos dado cuenta de que las palabras se prestan para hacer travesuras con ellas, como bien recomienda el nobel mexicano Octavio Paz:
Las Palabras
Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
agótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.

Y, a título personal, declaro: escribo poesía desde que advertí que la nube de los sueños puede bajar aún entre las tormentas más agresivas, por medio de las palabras.
Escribo para desahogar la necesidad de expresar por medio de las metáforas lo que a conciencia y de frente no he podido decir. En cierta manera, con esto confirmo lo sustancial que es para los poetas el escribir: es expresar de manera subliminal nuestras emociones, nuestras preocupaciones y nuestra forma de ver la vida.
Conocí la poesía y me embarqué a navegar entre sus rebeldes aguas sin miedos y sin prisas. Ahora aspiro, por medio de las palabras, a hacer llover en el desierto de los corazones áridos, iluminar los caminos ciegos de los ojos tristes, entibiar las almas de los cuerpos fríos y alentar las pasiones de los sueños rotos.
Porque, finalmente, ¿cuál sería el objetivo del poeta si no es el de desempolvar los sueños, la melancolía, la fantasía, para, con sus propias alas volar para alcanzar las estrellas?
Escribo poesía desde la adolescencia, con la frescura de las motivaciones juveniles que te hacen retar y enfrentar al mundo y te vuelven atrevido, apasionado y loco. Y con esa locura, no medí las consecuencias y me dejé atrapar en la red de las palabras de otros que eclipsaron mi intelecto con sus imágenes y sus retóricas.
Conocí a Sor Juana, a Góngora y Quevedo y me deslumbraron con su barroquismo. Descubrí que dos hermosas estrellas me habían mirado desde el rostro de mi amada; que en su aliento respiraba el perfume de las rosas y que en sus labios yo probaba la fruta más fresca y más dulce.
Conocí a Neruda y también quise escribir versos tristes. Y en una noche de melancolía, me puse mi boina roja y me tiré al mar, como López Velarde, sin conocerlo, quien, con una gran desesperanza le pregunta a su hermana Fuensanta: “¿Tú conoces el mar? Dicen que es menos grande y menos hondo que el pesar”, y termina implorando: “Hermana, dame todas las lágrimas del mar.
Supe de García Lorca y me dije: préstame tu caballo, bardo, cálzame tus espuelas, acompáñame con tu guitarra, que esta oda la escribo yo. Y me enamoré de los campos españoles, de las mujeres andaluzas y del lagarto llorón que está en el lago con su lagartita.
Así, mi alma recorría los caminos solitarios con las únicas compañías, valiosas e incomparables compañías de Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Bécquer, Heine, Leopardi, Pedro Garfias, quien dijo: “Habla a tus semejantes,
habla aunque no te atiendan,
habla aunque no te entiendan.
Procura hablar, oír,
la palabra es de todos.
Habla.
Y si te hablan en idioma extraño,
procura hallar el tono
y si nadie te habla, procúrales los ojos”.

Ya en estas andanzas tuve la fortuna de conocer a muchos otros que, a fuerza de estar comprometidos consigo mismos, dejaron a un lado obligaciones y deberes y tomaron como única la gran responsabilidad de tejer ilusiones con hilos de dolor y, por supuesto de amor.
Entre ellos, el poeta chiapaneco Jaime Sabines quien, con sus versos cotidianos enamora a los desenamorados y vuelve lúcida la opacidad del amor doliente.

Pero, escribo no como un arte, sino como una forma de darme a los demás a través de la literatura. Y esto que les ofrezco es no sólo una parte de mí, es todo lo que de mí tengo.

jueves, julio 28, 2005

EL JARIPEO EN TOMATAL

LA FIESTA DE LOS TOROS
JOSÉ I. DELGADO BAHENA

¡Uy, qué tiempos aquéllos! Bien que me acuerdo cuando se hacía el corral de toros en mi calmil: todos los ejidatarios apoyábamos al comisario, llevábamos los palos, los horcones, las reatas y órale: amárrale aquí, escárbale allá, apriétale bien fuerte para que no los vaya a tirar el toro cebú de don Carlos Deloya, que es bien bravo y saltador.

Bien que me acuerdo: en aquel entonces todavía teníamos toros, mansos, no tan bravos como los de Tepécoa, pero había. Y claro, los montadores eran los mismos jinetes del pueblo, con sus huaraches, o con sus zapatos viejitos, los montaban; no como “ora” que les pagan a los de afuera y vienen con sus espuelas que parecen ganchos. No. En aquel entonces tenías que apretar bien fuertes las piernas, si no porrazo seguro, al suelo, a las piedras o al surco, porque ese terreno era de siembra y quedaban algunos troncos de las milpas.

Siempre se llenaba el corral. La gente se subía a los palos y cuando se “repegaba” el toro ahí estaban los gritos y los sustos, y cuando se saltaba del corral: la corredera. No, si esas corridas eran más emocionantes. Si resultaba algún herido, aunque sea un borracho que se había metido a torear y a hacer payasadas, decíamos que habían estado buenos los toros, si no, no tenían chiste, no había comentarios.

Pero lo más emocionante era cuando llegaba la corrida de los de Tuxpan: esos sí que eran re listos. El comisario siempre la dejaba para el domingo. Era, como quien dice, la corrida estelar. Traían su mojiganga, que era un muñeco que le ponían a un toro o a una vaquilla en medio del ruedo, pero venía repleta de animales, iguanas sobre todo, y cuando el animal la embestía salían las iguanas y la corredera de muchachas con sus gritos y la de los hombres para atraparlas (que sabe muy sabroso el caldo de un garrobo, más cuando estás crudo).

Y tenías que estar crudo al otro día de la corrida de los de Tuxpan porque traían sus buenas garrafas de “toro”, una bebida que preparaban con una mezcla especial de muchas bebidas, ¡dicen que hasta excremento le ponían!, quién sabe, pero era obligación que te le pegaras al “toro” para corresponder a los tuxpeños. Claro, cuando llegaban era una fiesta: se les iba a encontrar por el camino con una comitiva de muchachas que eran las madrinas y les ponían collares de papel de china a los jinetes. Iba la banda de música y se les llevaba derechito al corral de toros para que se jugara un toro en su honor al que le llamábamos “toro de once”. De ahí todos juntos, acompañados de la tambora de don “Bico”, toque y toque, a la comida en la casa del comisario, que con la cooperación de todo el pueblo preparaban la cochinita para los visitantes.

Después de la comida, otra vez al corral para jugar todos los toros. Los más bravos los traían aparte, en camioneta, y los amarraban por fuera del toril; los demás todos amontonados, adentro y ahora sí, ¡trépense a los palos, porque sale el primero!

No, si los toros de antes hacían el relajo desde que los sacaban al ruedo, más cuando eran cuernudotes, de esos cuernos que parecían los del penacho de “Pilatos”. Todos corrían hasta que los de a caballo lograban lazarlos para tumbarlos en el suelo y ahí les ponían la reata en el cuerpo para que se agarrara el montador. Entonces no les ponían corneras, como “ora”, salían así: a cuerno pelón. El montador tenía que echarle valor, además de sus buenos tragos de “toro” que ya traía en el estómago. Ya montado el jinete hacían que se parara y órale, a torearlo.

Mientras tanto, los que nomás éramos mirones teníamos que estar echándonos las frías para completar el jolgorio, que sin trago no hay fiesta.

Así pasaba la tarde de fiesta con los montadores buenos que había en el pueblo, pero el que me tocó ver, que de veras era cabrón, es el “Polegas”. Todavía vive, pero dios ya le tiene apartado un lugar por todas las emociones que nos dio con los toros.

Cuando acababan de torear a todos los que traían se dejaba pasar un rato mientras se iba la gente y luego los soltaban por las calles para que se fueran derechito para Tuxpan, cuidados por sus dueños. Sólo se quedaban los muchachos de ese pueblo vecino para echarse unas bailadas en la noche con las muchachas del aquí. Como iban ya todos “cerveceados” ni se fijaban si la muchacha tenía compromiso o no, iban y la sacaban y al rato ahí está la buena correteada que les ponían los novios: los encaminaban hasta la barranca, a puro piedrazo, para que se fueran rapidito a su pueblo y no se fueran a regresar, hasta el otro año, cuando volvieran a traernos sus toros.

Así acababa la fiesta de los toros del pueblo que se organizaban en honor de “Papá Chú”, por su segundo viernes de cuaresma. Era bonito todo, gratis, además; no como “ora”, que por todo quieren cobrar.

viernes, julio 22, 2005

TE NOS MORISTE

TE NOS MORISTE

¡Caray, Mamá Chofi:
te nos moriste!
Te nos moriste igual que el sueño sumergido
en las cavernas de los recuerdos.
¿Por qué te nos moriste así, tan de repente?
¿Por qué, tú, tan rebelde, no te rebelaste
en el instante mismo de tu muerte?
Igual pudiste haberte ido de viaje,
sabemos que no te has ido;
sólo estás un poquito muerta,
un poquito allá:
del otro lado.
¡Caray, Mamá Chofi!
Sofía Piedra,
se nos murió de vieja,
con sus enaguas largas
y con sus anécdotas.
Sofía Piedra, vieja revolucionaria
que se murió en la trinchera.
¿Hacia dónde ven tus ojos que vigilaron
a tanta parentela?
¿Por qué tu bastón, y tus pasos,
aún nos acompañan en las noches de fiesta?
Te nos moriste, Mamá Chofi...y apenas yo me entero;
¿hace cuánto?, no sé.
¿Cómo he de darme cuenta?
¿Cómo voy a saber que ya te fuiste
si siempre estás ahí,
sentadita,
pendiente,
con tu sonrisa abierta?
Sin embargo, no hay duda:
ya visité la tumba que te hicieron
los que siempre te amaron
y los que no te conocieron.
Porque al final de cuentas los grandes,
y los pequeños que nunca te nombraron,
en el adiós último
con lágrimas de fuego te lloraron.
Por eso me pregunto:
¿será cierto?
Lo veo y no lo creo.
¿Cómo puede ser posible que, de pronto, así,
te nos moriste?
¿Cómo, Mamá Chofi, en una madrugada
nos dejaste tu último suspiro
en aquella vieja almohada que un día te regalé?
Y ahí te nos moriste, sin más,
despidiéndote aún y, todavía,
dándonos mil consejos,
y hablando con tu boca de pirata,
con tus ojos cerrados, con tus dedos...
Te nos moriste, al fin, y nos dejaste
sin esa brújula viva de tu lengua despierta;
sin esa golondrina igual que tú de vieja
que te rondó quince años dentro de tus orejas.
Te nos moriste mamá Chofi.
Pero...sé que no estás muerta;
porque te nombro y mi voz no te entierra,
porque te nombra toda la familia completa.
Estás viva, lo sabes,
y así nos acompañas en todas nuestras fiestas.

jueves, julio 21, 2005

LA LUNA

LA LUNA


La noche era tranquila. El cielo se veía estrellado, sólo de vez en cuando un lucero cruzaba el firmamento; el aire espeso, caliente, cautelosamente se colaba hacia las casas por las puertas y ventanas y flotaba sobre las camas rústicas, de madera, donde dormían la mayoría de las familias del pueblo.
A lo lejos, el aullido de un coyote vagabundo, corto y grueso primero, largo y delgado después, rasgaba el silencio que sólo la respiración acompasada de los adultos que han trabajado en la labor todo el día, desde el amanecer hasta que anochece, y los ronquidos de los ancianos que, en sus hamacas o, de plano sólo en un petate tendido en el suelo, han acomodado sus huesos viejos con la ilusión de que, a la mañana siguiente, el gallo los despierte fuertes y renovados.
Desde las montañas se asoma, temerosa, una luna llena, rojiza, fría, que con el calor de estos días se empapa del sudor del coyote y del tejón que, aprovechando sus primeras luces salen en busca de conejos, uno, o de ratones de campo, otro que, en estas épocas de resequedad, ni los paladares de estos predadores pueden ponerse exigentes.
Cuando la luna, confianzudamente, ha salido por completo y se levanta sobre el pueblo a una cuarta de su escondite, las sombras que antes permanecían absorbidas por el suelo caliente en reposo, entre los vapores de la noche, ahora se levantan y dibujan a su antojo y capricho figuras ardientes, oscuras y brillantes que no se mueven más que para achaparrarse junto a su raíz de donde brotan.
Todo parece tan tranquilo en el sopor de la noche que los ojos y los oídos están, igual, en el descanso de las vistas y de los ruidos, sin fantasmas ni sobresaltos. Todo transcurre sólo con el rumor de la cascabel que rastrea por los caminos en correcta armonía con la quietud que gobierna la somnolencia nocturna.
Sin embargo, de una de las casas, junto a la capilla, en el centro, una puerta se abre. No, una mano abre una puerta, y asoma la sombra de un pie; luego, a la luz de la luna se completa la figura de una mujer. Lo sabemos por la falda que se recorta en la sombra sobre la puerta, si fuera hombre veríamos el sombrero sobre su cabeza, que ningún gañán que salga a estas horas, por mucho calor que sienta deja su sombrero aunque sean las dos de la madrugada.
Pero es mujer la que, con una mano abre y con la otra cierra la puerta de su casa después de observar el bulto que le confirma que el marido duerme con la respiración apagada (será por lo cargado de la noche). Apenas un golpe leve de la puerta gruesa, de madera, que se empareja sola, sin tranca ni aldaba, resguardando, adentro, la confianza y el cansancio de la jornada del día que el hombre, con su hijito a un lado, recupera las fuerzas para la chinga del día siguiente (Esta palabra, “chinga”, no es del autor sino de esta gente que con ella desahoga la queja de un trabajo que mal les da de comer).
Pero regresemos a la mujer quien se protege de la luz de la luna porque no la necesita, ya que camina viendo para los lados, sin temor de donde pisa, será porque ha aprendido dónde hay un matorral, dónde una trampa para coyote, dónde una piedra; y porque sus pies, además, parecen flotar sobre el polvo de estos caminos secos que no han conocido lluvia desde tres lunas atrás, o porque para no hacer ruido, camina con las puntas de los pies al pasar cerca de las puertas de otras casas.
Sólo una vez se agacha para pasar debajo de la rama de un huizache que hace a un lado valiéndose de un palo que lleva en la mano derecha y toma una vereda que la lleva a las orillas del pueblo. Ahora la luna está a un tercio del cielo.
Por fin, después de haber caminado por el camino disparejo de esa vereda que la lleva a una de las casas protegida por cuatro grandes árboles pelones, junto a la puerta, donde se ve el bulto de un perro echado, voltea a los lados y con decisión empuja la tabla que le sirve de puerta a esta casa de paredes de adobe y tejas en el techo. Y es de extrañarse que el perro no le haya ladrado, ni gruñido, al menos, como lo haría con cualquier visitante el perro que se respete de ser guardián de su amo, que para eso lo dejan suelto durante la noche. El caso es que este perro sigue echado o durmiendo como se diría “a pata suelta”.
Como decíamos: la mujer empuja la puerta y entra. La seguimos con nuestra sombra respirando junto a la suya, por eso nos damos cuenta primero, que, el perro que debía ser guardián es difunto; con razón no chistó ni se movió ante la presencia de la mujer. La luz derramada desde la luna nos deja ver que un líquido le escurre por el cuello. Nadie dudaría que un cuchillo filoso y puntiagudo le ha cortado la yugular y se puede ver en su hocico sangrante un trozo de carne de algún animal, cervatillo o conejo, que le fue echado a propósito, para distraerlo y poder sorprenderlo en silencio.
Después vemos, sobre la cama, dos sombras que se funden en una sola haciendo un bulto solo. Se mueven y se regocijan en sus manoseos y besuqueos.
Sólo un rato observamos los movimientos ardientes de dos cuerpos que, jadeantes, se entregan a los placeres carnales con tal furor como si fuera lo último que pudieran hacer en sus vidas.
Los quejidos que todos conocemos aumentan y parecen, como dirían los que estudian estas artes, que son normales, pero de pronto, la mujer desgarra el silencio y la paz exterior de la casa y hasta la tranca del corral se oye un gemido que no es de amor sino de dolor y los ayes, aunque cortos, son profundos y mortales.
Luego otra vez el silencio. Sólo unos instantes. Ahora, por la puerta semiabierta, se escurre la figura de un hombre (lleva sombrero) que, en cuestión de segundos, sale de la casa saltando sobre el perro muerto, con la confianza de saber que ya no podrá morderle, ladrarle o gruñirle al menos.
Lo seguimos, con ojos de espanto, por la ignorancia de no saber por qué, si es el dueño de la casa, se va, como quien dice: “de malas”.
Con asombro vemos que recorre el mismo camino que la mujer pisó hace unos minutos y llega a la misma casa del centro del pueblo. Empuja la puerta emparejada, entra y la cierra.
El silencio, nuevamente, impera. La luna está ya a cinco sextos de su camino. El humor caliente de la tierra ha refrescado un poco y por el aire se mueven algunas ráfagas frías que bajan en los rayos de la luna muda y gorda que señaló el camino del desprecio para la venganza del marido traicionado.
A la mañana siguiente, cuando la luna se encuentre nuevamente en su escondite, hallarán dos cuerpos: el del dueño de la casa y el de la mujer. El de ella sobre la cama, degollada; y el de él debajo, degollado también y sólo la luna podría ser fiscal en el juicio al vengativo marido.

JOSÉ I. DELGADO BAHENA

viernes, julio 15, 2005

EL SUR NO ESTÁ EN EL NORTE

Lo siento,
en la poesía todo es posible.
E q Z s d c q l e m
Amén.

MI RELIGIÓN ERES TÚ

MI RELIGIÓN ERES TÚ

Mi religión eres tú,
en ti confío, a ti me atengo,
a la luz de tus ojos,
por donde voy,
me encomiendo.
Eres mi fe,
en ti yo creo,
lo que digas he de hacer,
tú decide, yo obedezco.
En tus manos estoy,
tuyos son: mi mente,
mi corazón, mi carne,
mis huesos;
cuando despierto pienso en ti
y, con tu nombre,
entre mis labios,
me duermo.
Tú me has dado nueva vida
y no sé si la merezco;
hágase tu voluntad:
por ti vivo,
por ti muero.
Para mí no hay otro dios
que este amor
en el que creo;
tú sabrás qué me darás,
sea la gloria,
sea el infierno.
De tus manos como el pan
y será para los dos
pan sagrado,
este pan nuestro,
porque eres mi religión
y el amor que tú me das
es el dios
en el que creo.

sábado, julio 09, 2005

EN UNA NOCHE DE OFRENDAS

EN UNA NOCHE DE OFRENDAS

Cuando llegan los días de las ofrendas son días de mucha nostalgia para mí. A mi mente acuden gratos recuerdos de vivencias que me han acompañado a través de todos estos años y que nunca olvidaré.
Ahí está el pueblo donde nací: un pueblo rústico, montado en una colina, con su pendiente hacia el río que lo cruza y lo alimenta.
Ahí está la casita de palma de mis padres: campesinos, humildes, nobles y trabajadores.
Ahí está la mesa con la ofrenda del treinta y uno de octubre, el día en que se acostumbra poner ofrenda a los muertos pequeños. Ahí hemos colocado el pan. Una muñequita de masa simple lleva su nombre: “Marthita”. Hemos puesto naranjas, pan de dulce, atole, dulces, velas, santos (Jesucristo, el patrón del pueblo) y una pelota roja como la que jugaba mi hermanita, quien murió a los tres años, víctima de nuestra pobreza y de la falta de medicinas para aliviarle la tos y la fiebre.
Ahí va el recuerdo:
_Mamá, ¿me dejas ir a espantar a los diablos? (En mi pueblo se tiran cohetes para espantar a los diablos que, se supone, se quieren llevar a las almitas de los niños que han muerto y vienen a visitarnos.)
_¿Con quién vas a ir? _preguntó mi mamá.
_Con mi amigo Andrés. El va a llevar a su hermana Josefina _contesté_, y casi me trago mis palabras; porque no hubiera dicho eso, inmediatamente mi otra hermana, que se llama Enriqueta, también quiso ir.
_Bueno, vas; pero sólo si llevas a tu hermana _dijo mi mamá.
_¡Qué remedio! _exclamé_. Y ahí vamos.
Ya en el camino nos encontramos a Andrés, de 12 años, igual que yo. Iba con él Josefina, su hermana de 11.
Comenzamos a tirar cohetes que habíamos comprado durante el día. Íbamos gritando y corriendo hasta que llegamos a un camino sin luz y con muchas sombras de los árboles grandes que lo bordeaban. Eran como las diez de la noche. De pronto, alguien que nos tira una paloma de aquéllas, que nos hizo vibrar los oídos y, pues, ahí estuvo la cosa: y que gritamos, y Josefina, que iba junto a mí, que me abraza y, bueno, pues… ¡y que se me meten los diablos! Empecé a ver más estrellitas, sentí calientes las orejas y la voz me temblaba…
Entonces, Queta, mi hermana, que la acaba de amolar, y que nos grita: ¡ya son novios!, ¡ya son novios!
Yo no sabía ni qué decir. Andrés dijo: “Ya, apúrenle”.
Y la verdad, después todo se me borró de la memoria. Nomás me acuerdo que en esa noche soñé que yo era un diablo y que le daba un beso a Josefina, que era una angelita; pero que, de pronto, llegaba mi papá y me daba una “cueriza” de las buenas y yo desperté asustado y gritando: ¡ya no me pegues, ya no me pegues, no lo vuelvo a hacer! Pero al otro día se me olvidó el sueño; porque en el panteón, cuando llevamos las flores, advertí que Josefina me veía desde donde estaba con su familia y se reía y, la verdad, creo que nunca había visto una sonrisa tan bonita y tan agradable, con sus hoyitos en los cachetes y yo, pues, sentía mucho calor en las orejas y en todo el cuerpo y me imagino que me ponía todo rojo y sentía mucha vergüenza, bueno, no mucha; porque al otro día, en la escuela, la maestra nos pidió que escribiéramos una narración con el tema de las ofrendas y yo, pues, ¡y que escribo lo de Josefina!, y como ahí estaba Andrés que iba conmigo, en sexto, a la salida le contó todo a su hermana.
Ella iba en quinto y como vivíamos por el mismo rumbo, pues nos íbamos juntos. Entonces, Andrés se fue a la tiendita y yo, y que aprovecho, y que le digo a Josefina que si quería ser mi novia, y que me dice que no sabía. Y que le doy un dulce, y que me dice que sí y se fue corriendo con su hermano.
Pues ya, desde ahí, que el día de las ofrendas siempre me acuerdo de Josefina y siento que otra vez se me meten los diablos por aquel recuerdo tan bonito de mi niñez.

sábado, julio 02, 2005

HACE MUCHOS AÑOS

Recuerdo que yo quería estudiar para ser médico. Pero, como todo en la vida, yo tenía una motivación: quería mucho a mi abuelita (la mamá de mi papá) y como siempre la veía en cama, enferma, deseaba estudiar medicina para poder curarla. Creo que desde entonces comencé a practicar mi caligrafía de médico. Ahora hasta pena me da mostrar mis manuscritos porque nadie los entiende.
Bueno, desgraciadamente mi motivación falleció cuando yo apenas tenía quince años y le lloré como se les llora a todas las abuelas cuando mueren pero más porque ya había perdido a mi primer paciente.
De cualquier manera no pude estudiar medicina. Mis padres me dijeron: "¿Decide qué quieres ser: maestro o campesino?" Y como desde la edad de los trece años ya había conocido las chingas (perdón pero así se dice en mi pueblo) del campo, acepté estudiar "aunque sea" para maestro.

Así que entré al CREN de Iguala con la ilusión de ser un maestro rural que, en mi comunidad, desempeñara los papeles que se les atribuía a los maestros de aquella época: médico, juez, arreglador de amores, secretario, consejero y maestro, claro.
Ahora, después de tantos años me he dado cuenta de que la ilusión no ha muerto y deseo trabajar en una comunidad rural, antes de jubilarme, después de hacerlo durante todo mi tiempo de docencia en el medio urbano.
Pero, ¿por qué cuento todo esto? Ah, porque estuve en la clausura de la escuela donde mi hija terminó su bachillerato y escuché los acostumbrados discursos saturados de mensajes sobre las metas, lo propósitos, los sueños de los bachilleres y me sirvió para reflexionar que, en la actualidad, son pocos los jóvenes a quienes les escuchamos referirse sobre la carrera que desempeñarán en el futuro con la emoción de quien se dispone a alcanzar las estrellas. Bueno, ni siquiera el brillo que en los ojos se advierte de quien sueña y se siente fuerte para enfrentar el mundo.
Por todo eso y porque, con el grupo de poetas Transgresión, de Iguala, estamos planeando muchas actividades culturales, siento que mis venas se llenan de una nueva vitalidad que me lleva a sentirme ilusionado y a vivir la emoción de hace muchos, pero muchos años, y en el horizonte veo aún un sol destellante y eterno que me dice: "¡Vamos, aún hay mucho por hacer!".