martes, septiembre 27, 2005

HISTORIA DE UN LUNES


La historia comenzó en lunes. Como siempre, ese día él pensaba que la vida transcurriría igual, deslizándose en la rutina de sus tardes solitarias. Siempre se imaginaba sentado sobre una roca, observando el sol hundiéndose en el horizonte, tragado por el mar rojizo que se le aparecía en sus sueños y le hacía despertar en la madrugada lamiendo sus lágrimas.
Pero sólo era un sueño porque vivía en la Cd. de México,donde solamente existe un mar de smog que te envenena los pulmones y las conversaciones.
Era lunes, por eso sintió la carga más pesada que nunca. Si hubiera sido viernes habría sentido, como todos, más prometedor, sin menos pesadumbre en los ojos y en el corazón. Por eso, cuando Delfina, su novia, le dijo por teléfono, que había pensado bien las cosas y que era mejor que su relación se encerrara en un paréntesis, creyó que de pronto el día se transformaba en noche y se metió en la cama para ver si era otra de sus pesadillas y que al despertar volviera a sentir el sol quemándole la espalda.
Entre suspiros se quedó dormido y cuando despertó la noche bañaba la ciudad y el barrio en el que vivía le invitaba a caminar para desahogarse del mar de soledad en el que naufragaba.
Cerca de ahí una sinfonola dejaba escapar una rola de un tal Lupillo Rivera y se sintió atraído por la letra y los olores a perfume barato que salían de la cantina "La Lola", que estaba a media cuadra de la vecindad donde vivía.
Era lunes, por eso no le extrañó que hubiera sólo dos clientes en una mesa acompañados de tres chicas. Una de ellas, al verlo entrar fue a su encuentro y lo recibió con un beso en la boca, lo conocía, por supuesto.
Se sentaron cerca de la música y otra joven de pechos a lo Sabrina les llevó un plato con cacahuates. Él pidió dos cervezas y se derrumbó en el hombro de "Sabrina", motivado por la canción soltó el mar de penas que empapó el cabello que le caía a la chica sobre la espalda.
Y eso fue lo único que recordó después cuando despertó en un hotel barato de Acapulco, al lado de aquella chica que hasta entonces supo que se llamaba Selena.
(Continuará)

jueves, septiembre 22, 2005

NOS ROBAMOS LA LUNA

Con mucho afecto para mi ahijado Ricardo quien se encuentra en Estados Unidos, estos dos poemas que publiqué en mi libro Malditas Palabras y que dice que le gustan. Un saludo para su familia.

DEFINITIVAMENTE, TE QUIERO.

Te quiero como el otoño a la luna,
como la barca al remo,
como el llanto a su recuerdo.
Te quiero y te pienso
con tu voz rebelde
desafiando al tiempo,
con tus ojos luminosos
llenos de luceros,
con tu boca ansiosa
y con el temblor ardiente
de tu cuerpo.
Te quiero como el paso al caminante,
como el pez a su pecera,
como la tormenta al trueno.
Te quiero así, como eres:
dolor de los domingos,
agua del sediento,
levedad del sueño.
No sé por qué,
ni cómo, ni cuánto;
pero, inexplicablemente,
definitivamente,
te quiero.


NOS ROBAMOS LA LUNA


A pesar de todo
nos robamos la luna.
Mi alma pendía de un hilo
en tu corazón intacto,
nuestras manos enlazadas,
los silencios agraviados,
y mi amor
en tu maleta guardado.
La pasión se había perdido
en el laberinto
de la tarde,
el agua fresca intentaba sofocar
el calor de mis manos
que a tus pechos quemaban.
El sol caía en las montañas,
nuestros cuerpos en la cama,
tus ojos eran ruegos,
nuestros sexos una llama,
y nos robamos la luna
con promesas no cumplidas.
La luna besó tu espalda.
A pesar de todo:
de la batalla librada,
y de la confesión
del secreto de una carta,
nos robamos la luna
satisfechos,en la cama.


jose_delgado9@hotmail.com

domingo, septiembre 18, 2005

LLUVIA DE ESTRELLAS


Lluvia de estrellas hay en mi corazón
porque, con tu partida (aunque me asombra mucho),
no hay dolor.
Deveras, no es conformismo, ni paz interna
o resignación; es dulce calma, brisa de otoño,
mar apacible, tierna canción.
Sé que esperabas que te llorara y que implorara por tu perdón,
o que en silencio y en la penumbra yo me quedara con la derrota
en mi habitación,
o al menos fuera tras de tus pasos, como otras veces,
tragando el humo de tu rencor
y que en tu calle yo me quedara bajo la lluvia
ilusionado porque salieras y que trajeras la paz de mi alma
con tu pasión.
Mas, sin embargo, en la tristeza que ahora me dejas
ya no hay dolor,
porque el recuerdo de tu cariño me lo ha cambiado
por una flor.
Ahora, sereno, cierro mis ojos
y entono a solas nuestra canción,
y este amor nuestro que arrastró el viento
derrama estrellas, luces benditas que me iluminan
el corazón.

jueves, septiembre 15, 2005

¿DE QUÉ HABLA LA GENTE?


Emmanuel me dijo: "La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de las cosas, la gente mediocre habla de la gente..." No sé si él la haya creado pero la compartió conmigo y, la verdad, qué profundidad tienen estas palabras. ¿En qué perdemos el tiempo, generalmente? La respuesta es obvia: en hablar de los demás, de lo que hacen, de lo que hacen bien, d elo que hacen mal, de lo que no hacen; pocas veces valoramos lo que dicen, lo que piensan... Y es que, de todos podemos aprender algo, sin importar la edad. Si un anciano está lleno de sabiduría por su experiencia, la ingenuidad de un niño también nos permite vislumbrar verdades que se ocultan detrás de la venda que por la malicia del mundo nos cubre los ojos.
"La gente inteligente habla de ideas...", me dijo. Y eso,por supuesto, es muy inteligente, como él.
Ahora quiero compartirles unos versos sueltos que nacieron motivados por últimas experiencias:
"Oigo cantar al agua
cuando se desprende
de la nube taciturna;
canta la luz que nace de la luna,
canta el viento;
pero mi corazón ya no canta:
murmura..."
"¡Qué noche, la de anoche, la que tú y yo vivimos!
Sedientos, nos bebimos la luna
y entre besos y promesas fingimos el regreso
a la misma estación, a la que volvemos siempre
después andar como locos bajando estrellas."
"Pero regresas siempre, diciendo que me extrañas,
y yo tan estúpido soy
que te perdono todo,
te perdono todo, todo;
sólo por volverme a ver en la tristeza de tus ojos."
"De pronto llegas y enciendes la hoguera
en donde hay sólo cenizas,
y no me pregunto si te amo todavía,
¿para qué?, eso lo sé desde siempre
porque entre las cenizas alguna brasa queda."

Un saludo para amigas y amigos muy queridos,como otros más.
Guille, Jahén,Aline, Zandra, David, María, Laura, Juan Carlos, Gibrán, Lupita Austria, Armando, Miguel Sierra, Miguel Perianes, Etc.

domingo, septiembre 11, 2005

CON LA VERDAD EN LA MANO

Èl vino a mi casa con la verdad en la mano.
Es un buen amigo que me regalò una tarde soleada y con arena.
La tarde se hizo noche y entre la bruma de las primeras sombras
me dibujó una luna huraña y quebradiza que se perdía en las copas de los árboles.
Con el paso de las horas y uno que otro tequila la vereda de la charla
nos llevó hacia la poesía.
Me dijo que leía mi libro todos los días y que al menos dos o tres poemas
le acompañaban en la soledad de sus horas nocturnas.
Para mi vanidad, me habló de los versos que le quemaron en lo más profundo de sus emociones.
Yo le escuchaba advirtiendo una sombra de rencor en sus pequeños ojos.
No supe qué decirle. Sólo expresé, con la timidez que me caracteriza, un gracias que, al parecer, no fue suficiente porque agregó que su padre le pide mis "Malditas Palabras" de vez en cuando e igual que él se encierra en ese mundo de nostalgias y soledades.
Hubiera querido tener en mi boca las palabras suficientes para agradecerle que
tuviera el valor de ayudarme a soportar estos sinsabores.
Él no sabe (creo que lo imagina) que al compartir lo que escribimos lo hacemos para no tener que llevar, solos, por la vida, carga tan pesada.
Pero bueno, al fin de cuentas la vida fluye y como otros versos se han resbalado entre el nudo de mi garganta escurriendo por mis dedos, le obsequié poemas nuevos.
Creo que aumentará el nivel de su melancolía. No me culpo, cada quien sabe el tipo de amigos que mete en su costal de afectos. No sé si un día decida hacerme un reclamo formal, por lo pronto, si lee este mensaje, quisiera decirle( por si no se dio cuenta) que, al despedirnos y estrechar su mano, deposité en ella un pedacito de luna para su amuleto de buena suerte.
Ojalá que la vida nos permita hacer el viaje que proyectamos para dejar en un terreno neutral los peros y los porqués de tanta soledad contenida en mis poemas.

Con afecto, para mi amigo Miguel Ángel Sierra Ferrer, por su agradable compañía y por su amistad sincera.

miércoles, septiembre 07, 2005

EL ESPEJO EN LA PARED


EL ESPEJO EN LA PARED

El espejo en la pared, a un lado de la puerta
(es un lago llano convertidor de sueños);
el piso, de madera,
la mesa, la máquina, las plumas,
los libros y las velas:
el espacio inerte,
(la noche rueda).
Afuera: la calle, la luz, gente que va y viene,
(mi alma en pena).
Una canción, tres llamadas (ninguna contestada),
una esperanza muerta.
Más adentro: la soledad, el llanto,
la nostalgia;
el frío aumenta.
Hay una lluvia adentro
y hay otra lluvia afuera.
(Alguna vez te pregunté: “¿Qué será de ti
cuando me vaya de tu lado?”,
mas no sabía que sería yo
el abandonado.)
Está todo:
el vino en la hielera,
el agua tibia,
mis ojos tristes,
mis manos frías,
la cama intacta.
En mi pecho se expande un grito:
mi resistencia a prueba.
Cuento las horas: diez, doce, treinta y seis,
ciento cuarenta.
El reloj, la carta (la duda),
lágrimas.
Todo está: tu foto en el llavero,
los poemas, las tarjetas,
los recuerdos,
y el espejo,
en la pared,
que nos vio a los dos,
como no vienes,
ahora está ciego.

miércoles, agosto 31, 2005

EN LAS CALLES DEL OLVIDO

ME CONVERTÍ EN CAMINANTE SIN RUTA Y SIN SENTIDO CUANDO EMPECÉ A ANDAR POR LAS CALLES DEL OLVIDO.

Suena común, por supuesto, el decir que si la llave del amor se cierra se abre la del olvido, y qué bueno que fuera así siempre; lo peor es cuando se abre la del rencor y vacía toda la pus que traemos dentro.
Sin embargo, dicen los médicos que para que una herida sane es elemental extraer todo lo podrido para que lo que esté aún sano se regenere y el organismo se rehabilite.
Eso, en los asuntos del cuerpo está bien, pero ¿en las cosas del alma valdrá igual?
¿No será que al sacar frente a la persona que se ha amado la podredumbre del corazón, los gusanos del odio se apoderen de los buenos recuerdos, que siempre hay, los devoren y nos hagan naufragar en el lodo podrido del resentimiento?
Yo creo que cuando una relación ha tocado fondo y los garfios de la desconfianza, las dudas, los celos y reclamos te enganchan en la profundidad del pozo turbio del desamor, más vale encaminarse hacia las calles del olvido para no envenenarse el alma.
Y es que, finalmente, ¿quién puede declararse cabalmente limpio, inocente y puro en una relación de pareja? ¿Alguien podrá garantizar el 100% de fidelidad, honestidad, respeto y amor? Porque estas son las condiciones para no hacer llover el agua ácida de la desconfianza en el corazón de los enamorados.
Bueno, ya sin tanto rollo, como diría Jesús: "Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra". De manera que más vale no hacer alto en la casa de las riñas, aceptar que la llaga no podrá sanar por sí sola, que necesitamos ayuda y caminar por las calles del olvido sin nuestra pareja aunque se corra el riesgo de inundar nuestra habitación con rìos de nostalgia, desolación y abandono.
Así lo creo: u olvidas y perdonas todo, o no perdones pero te alejas y te olvidas de la otra persona, rescatando las cosas padres con las que revitalices tus sentimientos y te protejas para sobrevivir a la lluvia de vidrios rotos del final de una relación amorosa.
Y si se da así, tan tranquilos todos, ¿no?


AYER

Ayer tuve tus manos,

como palomas: suaves,

entre las mías encendidas;

también tuve tus ojos,

húmedos de luz,

escurriendo lloviznas,

en mi pecho tuve tu nostalgia comprimida;

a veces eras tristeza,

a veces alegría.

Hoy no tengo ni tu nombre

porque,

poco a poco,

se me olvida.

martes, agosto 23, 2005

EL SUR EXISTE...A PESAR DE TODO

RESEÑA DE ACAPULCO

“EL SUR EXISTE…A PESAR DE TODO”
José I. Delgado Bahena

A ver, ¿quién se apunta? –preguntó Luis Luna durante la sesión de uno de tantos viernes en los que, como grupo de poetas Transgresión, nos hemos reunido en el bonito restaurante de Celia y Milo, de Iguala-. Aquí está la propuesta de Mauricio (Leyva) –continuó- para participar en el XVI Encuentro de Escritores que organiza el Grupo Cultural Alebrije de Acapulco.
-¿Cuándo se llevará a cabo? –preguntó Danira, con el bolígrafo en la mano dispuesta a tomar nota con el interés a flor de piel.
Fue Fernando Antúnez quien, por ser el presidente del grupo, tenía completa la información.
-Se trata de asistir durante dos días –dijo Fernando-: viernes 12 y sábado 13 de agosto. El primer día se leerán cuentos y al siguiente poesía.
-¡Yo me apunto! –exclamé emocionado levantando mi mano con insistencia y emoción pensando en la posibilidad de asistir a un evento en el que no sólo iría a compartir; sino que también saldría nutrido al escuchar las diversas propuestas de los escritores.
Se agregaron a la lista el mismo Fernando, Luis, Maricela, Estela, Danira, Adolfo, Zel y Mauricio, por supuesto, considerando que él había traído la invitación.
Claro que yo contaba con la disposición por estar de vacaciones y ya me imaginaba en el puerto, con su calor húmedo y su brisa marina envolviéndonos el alma con el fluir de los versos y las narraciones.
Y como no hay plazo que no se cumpla llegó el día esperado. Enterados todos de las condiciones y horarios para participar en este encuentro, decidimos irnos cada quien por nuestra cuenta debido a las ocupaciones de algunos. Yo, con la previsión que me gusta tener para viajar, decidí comprar mi boleto un día antes y llegar con anticipación al lugar denominado “La Casona de Juárez”, allá, en Acapulco.
“La Casona de Juárez” es una casa antigua que ha sido conservada por las autoridades municipales para ofrecer ahí eventos culturales y se llama así por estar ubicada en la calle de Benito Juárez., muy cerca de la Costera y del zócalo.
De manera que fui el primero en registrarme como participante ante los organizadores y el primero en ser hospedado en un hotel cercano a “La Casona”. El hospedaje de todos los foráneos, debo aclararlo, fue cubierto por el Grupo Cultural Alebrije, al parecer con el apoyo del Lic. José Castañeda Dimayuga, Director de Cultura del municipio.
Con ansiedad y nerviosismo, por no saber nada sobre los participantes e invitados que estarían valorando los trabajos de todos, preparé los textos que llevaba destinados para leer en ese día de narraciones: “Ojos de perro”, “Es martes y parece viernes” y “¡Vaya susto!”.
Un poco antes de iniciar el encuentro llegaron los demás compañeros de Transgresión, no todos, la mayoría, y de inmediato nos dispusimos a difundir los folletos que contienen algunos de nuestros poemas, así como la revista Reevolución.
Eran las cinco y media de la tarde cuando se efectuó la inauguración del evento y dio comienzo la presentación de los trabajos por medio de los autores y, como es de suponer, por ser el primero que realizó su registro, yo abrí la serie de lecturas de narraciones. La verdad, no quise abusar y sólo leí los dos más cortos.
Y transcurrió la tarde y parte de la noche inmersos, todos, en atmósferas tan variadas como la diversidad de los temas que los participantes nos ofrecieron en sus textos. De manera que íbamos del amor a la soledad y de la degradación del ser humano a los ideales embarcados en los cuentos, relatos, anécdotas y sainetes.
Con el alma en un hilo, como se dice comúnmente, escuchamos relatos tiernos como el del “Perro Callejero”, Zhervando Basilio, quien le dedica a su maestra, que le enseñó las primeras letras, su texto y, estoy seguro, nos hizo recordar a todos a aquella maestra que tuvimos en nuestro primer grado de educación primaria. Pero también nos desgarró la conciencia el cuento sobre la violación de un niño, así como las arbitrariedades que se cometen con la gente humilde, campesina, que les hace cambiar las miradas a los hijos de padres asesinados. Y estos temas nos hicieron desear que fueran, realmente, sólo cuentos porque nos impregnaron de una sensación de desconfianza mezclada con rebeldía y coraje.
Al día siguiente, preparados todos con nuestros poemas, dio inicio la sesión a las cinco de la tarde con una participación de nuestra compañera del grupo Transgresión Maricela Arzate. Inició ella porque nos compartió un relato, muy triste, pero lleno de emotividad.
Enseguida, el coordinador del Taller El Alebrije, Lic. Humberto Aburto Parra, hizo la presentación del escritor jaliciense Eusebio Ruvalcaba, quien fue enviado por CONACULTA a solicitud de los organizadores para que platicara con los asistentes al Encuentro sobre “El ingrato oficio de escribir”.
Entre muchos de los conceptos que nos compartió en su conversación con el público, nos dijo: “Lo que se necesita para acercarse al acto de escribir es humildad, voluntad y entusiasmo”. Agregó: “En la vida de cada hombre está el secreto de toda la literatura”.Concluyó afirmando: “Sólo se sabe que un escritor tienen talento cuando, al leerlo, te conmueve”.
Después de la ponencia se realizó la lectura de poemas con la misma intensidad en las emociones que el día anterior con los sentimientos desbordando nostalgia, tristeza, melancolía, rebeldía, ausencia, valor y, por supuesto, el amor.
En esta ronda participamos todos los del grupo de Transgresión que asistimos al evento.
Desde afuera, el mar nos enviaba una sinfonía que nos envolvió y bañó nuestras emociones que se encontraban dispersas uniéndolas en un solo sentimiento: agradecimiento.
Agradecimiento por la apertura de este Grupo Cultural, ya que con su postura incluyente abre los micrófonos para todas las expresiones sin importar ideologías, sexo, edades e incluso nacionalidad. En esta ocasión pudimos escuchar la creatividad de Escritores guerrerenses: de Chilpancingo, Tixtla, Iguala, Atoyac, Acapulco; michoacanos, un dominicano y hasta un canadiense; niños, muchos jóvenes, otros no tan jóvenes, pero todos con el mismo entusiasmo que nos mantuvo presentes hasta las diez treinta y siete de la noche, hora en que se clausuró el encuentro y se entregaron reconocimientos.
Ah, olvidaba registrar que durante la mañana, aprovechando un poco de tiempo libre, salimos a dar una vuelta con un amigo de Fernando: Cristóbal Alfonso Hernández Mejía quien, muy amablemente, se puso a nuestra disposición y a bordo de una camioneta nos regaló un viaje por toda la Costera hasta Puerto Marqués, ilustrándonos con información que desconocíamos de nuestro, todavía maravilloso puerto mexicano.
Ya por la noche, al término del evento se escuchó la voz alegre de Luis quien propuso:
-¿Qué les parece si vamos al mirador de la Quebrada a tomar un poco de la brisa del mar?
¡Y claro!, por supuesto que aceptamos. Así: entre risas, anécdotas, reflexiones y chistes le dimos vida a las últimas horas que nos quedaron, por esta ocasión del Encuentro Estatal de escritores en Acapulco, con la esperanza de que el próximo año nuestro grupo de poetas Transgresión, vuelva a tener la oportunidad de participar, ojalá.

domingo, agosto 21, 2005

EL PERRO CALLEJERO

Hace una semana participamos, como grupo de poetas Transgresión, en el Encuentro Estatal de Escritores que, año con año, organiza el grupo cultural de Acapulco.
He escrito ya una reseña como colaboración para la revista cultural Reevolución de Iguala, Gro., pero en este espacio quiero comentarles que conocí a un escritor que emocionó a todos con sus textos, uno de ellos dedicado a su maestra de primer grado de educación primaria.
Durante el evento distribuyó sus libros y uno de ellos: "Un sueño de libertad", contienen relatos llenos de sensibilidad. Son recuerdos del autor Zhervando Basilio Rodríguez, originario de Tixtla, Gro., quien se hace llamar El Perro Callejero.
Les voy a compartir algunas frases que, aunque parecen muy sencillas están impregnadas de una gran responsabilidad y un profundo sentimiento callejero.
"A otro perro con ese verso"
"El peor perro atrapa un verso"
"Más vale perro conocido que poetas por desconocer..."
"El perro callejero soñó con ser poeta y sólo llegó a ser el más humilde aprendiz de sueños"
"Perro que escribe torcido jamás su verso endereza"
"Cuando mires a un perro callejero primero piensa en la libertad"
"Perro que no has de leer déjalo correr"
"Perro que prueba libertad aunque le quemen el hocico"
"Perro y figura hasta la sepultura"
"Si no existiera el perro callejero, ¿cómo les platicaría mis sueños?
"Todos los sueños se parecen a su perro"

miércoles, agosto 17, 2005

OJALÁ QUE LA LUNA

OJALÁ QUE LA LUNA

Ojalá que la luna siga atorada allá, arriba,
en tus anhelos,
con su sonrisa de plata
y su diadema de oro;
aún cuando los enamorados tristes
la hagan descender hasta sus pechos,
y se regocijen con ella
bajo su piel y entre sus huesos.
Ojalá que su luz
se incruste en tu cabello
y te resplandezca el alma
para que, en mi ausencia,
encienda mi recuerdo.
Ojalá que tus ojos
ya no persigan formas luminosas
y que la luna sea
el mejor de tus espejos;
porque, ¿sabes?,
cuando te digo, con este dolor ciego,
que ya no voy a verte,
es porque mi corazón se quema
en el terrible y maldito
infierno de los celos,
y el sol cabe en mi puño tembloroso
en el que escondo el miedo
de que otra voz te diga, como yo,
que el amor vuelve
cuando me das un beso,
cuando tomas mi rostro entre tus suaves dedos,
o cuando nos miramos,
a la luz de la luna
que se enreda en tu pelo,
con los ojos del alma
que se hablan en silencio.
Ojalá que la luna siga atorada allá, arriba,
en tus anhelos,
para que nunca olvides
lo mucho que te quiero.

jueves, agosto 11, 2005

COMO EN LA VIDA

COMO EN LA VIDA

Como en el vaso, en la vida,
el agua se derrama;
rompe el borde, primero,
como se rompe el alma,
luego se libera
con hilos de esperanza.
Como el agua en el vaso,
en mi vida también pasa.
Porque la luna es llaga
y el amor una brasa;
porque hay una sombra fría
que se estampa en mi cara,
que me cierra los ojos
y se mete en mi cama.
Pero aún así, la verdad,
no pasa nada.
Ni un caracol dormido,
ni una brisa oxidada,
ni un perro lastimero,
ni una poesía vana.
Sólo el ruido seco
del agua derramada
que se incrusta en mi cuerpo
y en el fondo de mi alma
como una daga, como un rayo,
como un desierto enorme
en el que nada pasa.
Solo.
En la desventura infinita
de la perla llorada;
en el ruego de un bosque,
en el mar de mi casa,
en la aguja del grito
que muerde mi ventana,
hay tan solo, muy cerca,
tan cerca que me abrasan,
un sueño contenido
y una luz congelada;
hay, también,
el dolor del vencido,
la soledad del paria,
el perdón del amigo,
el llanto de una carta.
Como el vacío del vaso
por el agua derramada,
mi corazón duerme
con la puerta cerrada.

viernes, agosto 05, 2005

ESCRIBO POESÍA

¿POR QUÉ ESCRIBIMOS?

Escribimos porque nos hemos dado cuenta de que las palabras se prestan para hacer travesuras con ellas, como bien recomienda el nobel mexicano Octavio Paz:
Las Palabras
Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
agótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.

Y, a título personal, declaro: escribo poesía desde que advertí que la nube de los sueños puede bajar aún entre las tormentas más agresivas, por medio de las palabras.
Escribo para desahogar la necesidad de expresar por medio de las metáforas lo que a conciencia y de frente no he podido decir. En cierta manera, con esto confirmo lo sustancial que es para los poetas el escribir: es expresar de manera subliminal nuestras emociones, nuestras preocupaciones y nuestra forma de ver la vida.
Conocí la poesía y me embarqué a navegar entre sus rebeldes aguas sin miedos y sin prisas. Ahora aspiro, por medio de las palabras, a hacer llover en el desierto de los corazones áridos, iluminar los caminos ciegos de los ojos tristes, entibiar las almas de los cuerpos fríos y alentar las pasiones de los sueños rotos.
Porque, finalmente, ¿cuál sería el objetivo del poeta si no es el de desempolvar los sueños, la melancolía, la fantasía, para, con sus propias alas volar para alcanzar las estrellas?
Escribo poesía desde la adolescencia, con la frescura de las motivaciones juveniles que te hacen retar y enfrentar al mundo y te vuelven atrevido, apasionado y loco. Y con esa locura, no medí las consecuencias y me dejé atrapar en la red de las palabras de otros que eclipsaron mi intelecto con sus imágenes y sus retóricas.
Conocí a Sor Juana, a Góngora y Quevedo y me deslumbraron con su barroquismo. Descubrí que dos hermosas estrellas me habían mirado desde el rostro de mi amada; que en su aliento respiraba el perfume de las rosas y que en sus labios yo probaba la fruta más fresca y más dulce.
Conocí a Neruda y también quise escribir versos tristes. Y en una noche de melancolía, me puse mi boina roja y me tiré al mar, como López Velarde, sin conocerlo, quien, con una gran desesperanza le pregunta a su hermana Fuensanta: “¿Tú conoces el mar? Dicen que es menos grande y menos hondo que el pesar”, y termina implorando: “Hermana, dame todas las lágrimas del mar.
Supe de García Lorca y me dije: préstame tu caballo, bardo, cálzame tus espuelas, acompáñame con tu guitarra, que esta oda la escribo yo. Y me enamoré de los campos españoles, de las mujeres andaluzas y del lagarto llorón que está en el lago con su lagartita.
Así, mi alma recorría los caminos solitarios con las únicas compañías, valiosas e incomparables compañías de Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Bécquer, Heine, Leopardi, Pedro Garfias, quien dijo: “Habla a tus semejantes,
habla aunque no te atiendan,
habla aunque no te entiendan.
Procura hablar, oír,
la palabra es de todos.
Habla.
Y si te hablan en idioma extraño,
procura hallar el tono
y si nadie te habla, procúrales los ojos”.

Ya en estas andanzas tuve la fortuna de conocer a muchos otros que, a fuerza de estar comprometidos consigo mismos, dejaron a un lado obligaciones y deberes y tomaron como única la gran responsabilidad de tejer ilusiones con hilos de dolor y, por supuesto de amor.
Entre ellos, el poeta chiapaneco Jaime Sabines quien, con sus versos cotidianos enamora a los desenamorados y vuelve lúcida la opacidad del amor doliente.

Pero, escribo no como un arte, sino como una forma de darme a los demás a través de la literatura. Y esto que les ofrezco es no sólo una parte de mí, es todo lo que de mí tengo.

jueves, julio 28, 2005

EL JARIPEO EN TOMATAL

LA FIESTA DE LOS TOROS
JOSÉ I. DELGADO BAHENA

¡Uy, qué tiempos aquéllos! Bien que me acuerdo cuando se hacía el corral de toros en mi calmil: todos los ejidatarios apoyábamos al comisario, llevábamos los palos, los horcones, las reatas y órale: amárrale aquí, escárbale allá, apriétale bien fuerte para que no los vaya a tirar el toro cebú de don Carlos Deloya, que es bien bravo y saltador.

Bien que me acuerdo: en aquel entonces todavía teníamos toros, mansos, no tan bravos como los de Tepécoa, pero había. Y claro, los montadores eran los mismos jinetes del pueblo, con sus huaraches, o con sus zapatos viejitos, los montaban; no como “ora” que les pagan a los de afuera y vienen con sus espuelas que parecen ganchos. No. En aquel entonces tenías que apretar bien fuertes las piernas, si no porrazo seguro, al suelo, a las piedras o al surco, porque ese terreno era de siembra y quedaban algunos troncos de las milpas.

Siempre se llenaba el corral. La gente se subía a los palos y cuando se “repegaba” el toro ahí estaban los gritos y los sustos, y cuando se saltaba del corral: la corredera. No, si esas corridas eran más emocionantes. Si resultaba algún herido, aunque sea un borracho que se había metido a torear y a hacer payasadas, decíamos que habían estado buenos los toros, si no, no tenían chiste, no había comentarios.

Pero lo más emocionante era cuando llegaba la corrida de los de Tuxpan: esos sí que eran re listos. El comisario siempre la dejaba para el domingo. Era, como quien dice, la corrida estelar. Traían su mojiganga, que era un muñeco que le ponían a un toro o a una vaquilla en medio del ruedo, pero venía repleta de animales, iguanas sobre todo, y cuando el animal la embestía salían las iguanas y la corredera de muchachas con sus gritos y la de los hombres para atraparlas (que sabe muy sabroso el caldo de un garrobo, más cuando estás crudo).

Y tenías que estar crudo al otro día de la corrida de los de Tuxpan porque traían sus buenas garrafas de “toro”, una bebida que preparaban con una mezcla especial de muchas bebidas, ¡dicen que hasta excremento le ponían!, quién sabe, pero era obligación que te le pegaras al “toro” para corresponder a los tuxpeños. Claro, cuando llegaban era una fiesta: se les iba a encontrar por el camino con una comitiva de muchachas que eran las madrinas y les ponían collares de papel de china a los jinetes. Iba la banda de música y se les llevaba derechito al corral de toros para que se jugara un toro en su honor al que le llamábamos “toro de once”. De ahí todos juntos, acompañados de la tambora de don “Bico”, toque y toque, a la comida en la casa del comisario, que con la cooperación de todo el pueblo preparaban la cochinita para los visitantes.

Después de la comida, otra vez al corral para jugar todos los toros. Los más bravos los traían aparte, en camioneta, y los amarraban por fuera del toril; los demás todos amontonados, adentro y ahora sí, ¡trépense a los palos, porque sale el primero!

No, si los toros de antes hacían el relajo desde que los sacaban al ruedo, más cuando eran cuernudotes, de esos cuernos que parecían los del penacho de “Pilatos”. Todos corrían hasta que los de a caballo lograban lazarlos para tumbarlos en el suelo y ahí les ponían la reata en el cuerpo para que se agarrara el montador. Entonces no les ponían corneras, como “ora”, salían así: a cuerno pelón. El montador tenía que echarle valor, además de sus buenos tragos de “toro” que ya traía en el estómago. Ya montado el jinete hacían que se parara y órale, a torearlo.

Mientras tanto, los que nomás éramos mirones teníamos que estar echándonos las frías para completar el jolgorio, que sin trago no hay fiesta.

Así pasaba la tarde de fiesta con los montadores buenos que había en el pueblo, pero el que me tocó ver, que de veras era cabrón, es el “Polegas”. Todavía vive, pero dios ya le tiene apartado un lugar por todas las emociones que nos dio con los toros.

Cuando acababan de torear a todos los que traían se dejaba pasar un rato mientras se iba la gente y luego los soltaban por las calles para que se fueran derechito para Tuxpan, cuidados por sus dueños. Sólo se quedaban los muchachos de ese pueblo vecino para echarse unas bailadas en la noche con las muchachas del aquí. Como iban ya todos “cerveceados” ni se fijaban si la muchacha tenía compromiso o no, iban y la sacaban y al rato ahí está la buena correteada que les ponían los novios: los encaminaban hasta la barranca, a puro piedrazo, para que se fueran rapidito a su pueblo y no se fueran a regresar, hasta el otro año, cuando volvieran a traernos sus toros.

Así acababa la fiesta de los toros del pueblo que se organizaban en honor de “Papá Chú”, por su segundo viernes de cuaresma. Era bonito todo, gratis, además; no como “ora”, que por todo quieren cobrar.

viernes, julio 22, 2005

TE NOS MORISTE

TE NOS MORISTE

¡Caray, Mamá Chofi:
te nos moriste!
Te nos moriste igual que el sueño sumergido
en las cavernas de los recuerdos.
¿Por qué te nos moriste así, tan de repente?
¿Por qué, tú, tan rebelde, no te rebelaste
en el instante mismo de tu muerte?
Igual pudiste haberte ido de viaje,
sabemos que no te has ido;
sólo estás un poquito muerta,
un poquito allá:
del otro lado.
¡Caray, Mamá Chofi!
Sofía Piedra,
se nos murió de vieja,
con sus enaguas largas
y con sus anécdotas.
Sofía Piedra, vieja revolucionaria
que se murió en la trinchera.
¿Hacia dónde ven tus ojos que vigilaron
a tanta parentela?
¿Por qué tu bastón, y tus pasos,
aún nos acompañan en las noches de fiesta?
Te nos moriste, Mamá Chofi...y apenas yo me entero;
¿hace cuánto?, no sé.
¿Cómo he de darme cuenta?
¿Cómo voy a saber que ya te fuiste
si siempre estás ahí,
sentadita,
pendiente,
con tu sonrisa abierta?
Sin embargo, no hay duda:
ya visité la tumba que te hicieron
los que siempre te amaron
y los que no te conocieron.
Porque al final de cuentas los grandes,
y los pequeños que nunca te nombraron,
en el adiós último
con lágrimas de fuego te lloraron.
Por eso me pregunto:
¿será cierto?
Lo veo y no lo creo.
¿Cómo puede ser posible que, de pronto, así,
te nos moriste?
¿Cómo, Mamá Chofi, en una madrugada
nos dejaste tu último suspiro
en aquella vieja almohada que un día te regalé?
Y ahí te nos moriste, sin más,
despidiéndote aún y, todavía,
dándonos mil consejos,
y hablando con tu boca de pirata,
con tus ojos cerrados, con tus dedos...
Te nos moriste, al fin, y nos dejaste
sin esa brújula viva de tu lengua despierta;
sin esa golondrina igual que tú de vieja
que te rondó quince años dentro de tus orejas.
Te nos moriste mamá Chofi.
Pero...sé que no estás muerta;
porque te nombro y mi voz no te entierra,
porque te nombra toda la familia completa.
Estás viva, lo sabes,
y así nos acompañas en todas nuestras fiestas.

jueves, julio 21, 2005

LA LUNA

LA LUNA


La noche era tranquila. El cielo se veía estrellado, sólo de vez en cuando un lucero cruzaba el firmamento; el aire espeso, caliente, cautelosamente se colaba hacia las casas por las puertas y ventanas y flotaba sobre las camas rústicas, de madera, donde dormían la mayoría de las familias del pueblo.
A lo lejos, el aullido de un coyote vagabundo, corto y grueso primero, largo y delgado después, rasgaba el silencio que sólo la respiración acompasada de los adultos que han trabajado en la labor todo el día, desde el amanecer hasta que anochece, y los ronquidos de los ancianos que, en sus hamacas o, de plano sólo en un petate tendido en el suelo, han acomodado sus huesos viejos con la ilusión de que, a la mañana siguiente, el gallo los despierte fuertes y renovados.
Desde las montañas se asoma, temerosa, una luna llena, rojiza, fría, que con el calor de estos días se empapa del sudor del coyote y del tejón que, aprovechando sus primeras luces salen en busca de conejos, uno, o de ratones de campo, otro que, en estas épocas de resequedad, ni los paladares de estos predadores pueden ponerse exigentes.
Cuando la luna, confianzudamente, ha salido por completo y se levanta sobre el pueblo a una cuarta de su escondite, las sombras que antes permanecían absorbidas por el suelo caliente en reposo, entre los vapores de la noche, ahora se levantan y dibujan a su antojo y capricho figuras ardientes, oscuras y brillantes que no se mueven más que para achaparrarse junto a su raíz de donde brotan.
Todo parece tan tranquilo en el sopor de la noche que los ojos y los oídos están, igual, en el descanso de las vistas y de los ruidos, sin fantasmas ni sobresaltos. Todo transcurre sólo con el rumor de la cascabel que rastrea por los caminos en correcta armonía con la quietud que gobierna la somnolencia nocturna.
Sin embargo, de una de las casas, junto a la capilla, en el centro, una puerta se abre. No, una mano abre una puerta, y asoma la sombra de un pie; luego, a la luz de la luna se completa la figura de una mujer. Lo sabemos por la falda que se recorta en la sombra sobre la puerta, si fuera hombre veríamos el sombrero sobre su cabeza, que ningún gañán que salga a estas horas, por mucho calor que sienta deja su sombrero aunque sean las dos de la madrugada.
Pero es mujer la que, con una mano abre y con la otra cierra la puerta de su casa después de observar el bulto que le confirma que el marido duerme con la respiración apagada (será por lo cargado de la noche). Apenas un golpe leve de la puerta gruesa, de madera, que se empareja sola, sin tranca ni aldaba, resguardando, adentro, la confianza y el cansancio de la jornada del día que el hombre, con su hijito a un lado, recupera las fuerzas para la chinga del día siguiente (Esta palabra, “chinga”, no es del autor sino de esta gente que con ella desahoga la queja de un trabajo que mal les da de comer).
Pero regresemos a la mujer quien se protege de la luz de la luna porque no la necesita, ya que camina viendo para los lados, sin temor de donde pisa, será porque ha aprendido dónde hay un matorral, dónde una trampa para coyote, dónde una piedra; y porque sus pies, además, parecen flotar sobre el polvo de estos caminos secos que no han conocido lluvia desde tres lunas atrás, o porque para no hacer ruido, camina con las puntas de los pies al pasar cerca de las puertas de otras casas.
Sólo una vez se agacha para pasar debajo de la rama de un huizache que hace a un lado valiéndose de un palo que lleva en la mano derecha y toma una vereda que la lleva a las orillas del pueblo. Ahora la luna está a un tercio del cielo.
Por fin, después de haber caminado por el camino disparejo de esa vereda que la lleva a una de las casas protegida por cuatro grandes árboles pelones, junto a la puerta, donde se ve el bulto de un perro echado, voltea a los lados y con decisión empuja la tabla que le sirve de puerta a esta casa de paredes de adobe y tejas en el techo. Y es de extrañarse que el perro no le haya ladrado, ni gruñido, al menos, como lo haría con cualquier visitante el perro que se respete de ser guardián de su amo, que para eso lo dejan suelto durante la noche. El caso es que este perro sigue echado o durmiendo como se diría “a pata suelta”.
Como decíamos: la mujer empuja la puerta y entra. La seguimos con nuestra sombra respirando junto a la suya, por eso nos damos cuenta primero, que, el perro que debía ser guardián es difunto; con razón no chistó ni se movió ante la presencia de la mujer. La luz derramada desde la luna nos deja ver que un líquido le escurre por el cuello. Nadie dudaría que un cuchillo filoso y puntiagudo le ha cortado la yugular y se puede ver en su hocico sangrante un trozo de carne de algún animal, cervatillo o conejo, que le fue echado a propósito, para distraerlo y poder sorprenderlo en silencio.
Después vemos, sobre la cama, dos sombras que se funden en una sola haciendo un bulto solo. Se mueven y se regocijan en sus manoseos y besuqueos.
Sólo un rato observamos los movimientos ardientes de dos cuerpos que, jadeantes, se entregan a los placeres carnales con tal furor como si fuera lo último que pudieran hacer en sus vidas.
Los quejidos que todos conocemos aumentan y parecen, como dirían los que estudian estas artes, que son normales, pero de pronto, la mujer desgarra el silencio y la paz exterior de la casa y hasta la tranca del corral se oye un gemido que no es de amor sino de dolor y los ayes, aunque cortos, son profundos y mortales.
Luego otra vez el silencio. Sólo unos instantes. Ahora, por la puerta semiabierta, se escurre la figura de un hombre (lleva sombrero) que, en cuestión de segundos, sale de la casa saltando sobre el perro muerto, con la confianza de saber que ya no podrá morderle, ladrarle o gruñirle al menos.
Lo seguimos, con ojos de espanto, por la ignorancia de no saber por qué, si es el dueño de la casa, se va, como quien dice: “de malas”.
Con asombro vemos que recorre el mismo camino que la mujer pisó hace unos minutos y llega a la misma casa del centro del pueblo. Empuja la puerta emparejada, entra y la cierra.
El silencio, nuevamente, impera. La luna está ya a cinco sextos de su camino. El humor caliente de la tierra ha refrescado un poco y por el aire se mueven algunas ráfagas frías que bajan en los rayos de la luna muda y gorda que señaló el camino del desprecio para la venganza del marido traicionado.
A la mañana siguiente, cuando la luna se encuentre nuevamente en su escondite, hallarán dos cuerpos: el del dueño de la casa y el de la mujer. El de ella sobre la cama, degollada; y el de él debajo, degollado también y sólo la luna podría ser fiscal en el juicio al vengativo marido.

JOSÉ I. DELGADO BAHENA

viernes, julio 15, 2005

EL SUR NO ESTÁ EN EL NORTE

Lo siento,
en la poesía todo es posible.
E q Z s d c q l e m
Amén.

MI RELIGIÓN ERES TÚ

MI RELIGIÓN ERES TÚ

Mi religión eres tú,
en ti confío, a ti me atengo,
a la luz de tus ojos,
por donde voy,
me encomiendo.
Eres mi fe,
en ti yo creo,
lo que digas he de hacer,
tú decide, yo obedezco.
En tus manos estoy,
tuyos son: mi mente,
mi corazón, mi carne,
mis huesos;
cuando despierto pienso en ti
y, con tu nombre,
entre mis labios,
me duermo.
Tú me has dado nueva vida
y no sé si la merezco;
hágase tu voluntad:
por ti vivo,
por ti muero.
Para mí no hay otro dios
que este amor
en el que creo;
tú sabrás qué me darás,
sea la gloria,
sea el infierno.
De tus manos como el pan
y será para los dos
pan sagrado,
este pan nuestro,
porque eres mi religión
y el amor que tú me das
es el dios
en el que creo.

sábado, julio 09, 2005

EN UNA NOCHE DE OFRENDAS

EN UNA NOCHE DE OFRENDAS

Cuando llegan los días de las ofrendas son días de mucha nostalgia para mí. A mi mente acuden gratos recuerdos de vivencias que me han acompañado a través de todos estos años y que nunca olvidaré.
Ahí está el pueblo donde nací: un pueblo rústico, montado en una colina, con su pendiente hacia el río que lo cruza y lo alimenta.
Ahí está la casita de palma de mis padres: campesinos, humildes, nobles y trabajadores.
Ahí está la mesa con la ofrenda del treinta y uno de octubre, el día en que se acostumbra poner ofrenda a los muertos pequeños. Ahí hemos colocado el pan. Una muñequita de masa simple lleva su nombre: “Marthita”. Hemos puesto naranjas, pan de dulce, atole, dulces, velas, santos (Jesucristo, el patrón del pueblo) y una pelota roja como la que jugaba mi hermanita, quien murió a los tres años, víctima de nuestra pobreza y de la falta de medicinas para aliviarle la tos y la fiebre.
Ahí va el recuerdo:
_Mamá, ¿me dejas ir a espantar a los diablos? (En mi pueblo se tiran cohetes para espantar a los diablos que, se supone, se quieren llevar a las almitas de los niños que han muerto y vienen a visitarnos.)
_¿Con quién vas a ir? _preguntó mi mamá.
_Con mi amigo Andrés. El va a llevar a su hermana Josefina _contesté_, y casi me trago mis palabras; porque no hubiera dicho eso, inmediatamente mi otra hermana, que se llama Enriqueta, también quiso ir.
_Bueno, vas; pero sólo si llevas a tu hermana _dijo mi mamá.
_¡Qué remedio! _exclamé_. Y ahí vamos.
Ya en el camino nos encontramos a Andrés, de 12 años, igual que yo. Iba con él Josefina, su hermana de 11.
Comenzamos a tirar cohetes que habíamos comprado durante el día. Íbamos gritando y corriendo hasta que llegamos a un camino sin luz y con muchas sombras de los árboles grandes que lo bordeaban. Eran como las diez de la noche. De pronto, alguien que nos tira una paloma de aquéllas, que nos hizo vibrar los oídos y, pues, ahí estuvo la cosa: y que gritamos, y Josefina, que iba junto a mí, que me abraza y, bueno, pues… ¡y que se me meten los diablos! Empecé a ver más estrellitas, sentí calientes las orejas y la voz me temblaba…
Entonces, Queta, mi hermana, que la acaba de amolar, y que nos grita: ¡ya son novios!, ¡ya son novios!
Yo no sabía ni qué decir. Andrés dijo: “Ya, apúrenle”.
Y la verdad, después todo se me borró de la memoria. Nomás me acuerdo que en esa noche soñé que yo era un diablo y que le daba un beso a Josefina, que era una angelita; pero que, de pronto, llegaba mi papá y me daba una “cueriza” de las buenas y yo desperté asustado y gritando: ¡ya no me pegues, ya no me pegues, no lo vuelvo a hacer! Pero al otro día se me olvidó el sueño; porque en el panteón, cuando llevamos las flores, advertí que Josefina me veía desde donde estaba con su familia y se reía y, la verdad, creo que nunca había visto una sonrisa tan bonita y tan agradable, con sus hoyitos en los cachetes y yo, pues, sentía mucho calor en las orejas y en todo el cuerpo y me imagino que me ponía todo rojo y sentía mucha vergüenza, bueno, no mucha; porque al otro día, en la escuela, la maestra nos pidió que escribiéramos una narración con el tema de las ofrendas y yo, pues, ¡y que escribo lo de Josefina!, y como ahí estaba Andrés que iba conmigo, en sexto, a la salida le contó todo a su hermana.
Ella iba en quinto y como vivíamos por el mismo rumbo, pues nos íbamos juntos. Entonces, Andrés se fue a la tiendita y yo, y que aprovecho, y que le digo a Josefina que si quería ser mi novia, y que me dice que no sabía. Y que le doy un dulce, y que me dice que sí y se fue corriendo con su hermano.
Pues ya, desde ahí, que el día de las ofrendas siempre me acuerdo de Josefina y siento que otra vez se me meten los diablos por aquel recuerdo tan bonito de mi niñez.

sábado, julio 02, 2005

HACE MUCHOS AÑOS

Recuerdo que yo quería estudiar para ser médico. Pero, como todo en la vida, yo tenía una motivación: quería mucho a mi abuelita (la mamá de mi papá) y como siempre la veía en cama, enferma, deseaba estudiar medicina para poder curarla. Creo que desde entonces comencé a practicar mi caligrafía de médico. Ahora hasta pena me da mostrar mis manuscritos porque nadie los entiende.
Bueno, desgraciadamente mi motivación falleció cuando yo apenas tenía quince años y le lloré como se les llora a todas las abuelas cuando mueren pero más porque ya había perdido a mi primer paciente.
De cualquier manera no pude estudiar medicina. Mis padres me dijeron: "¿Decide qué quieres ser: maestro o campesino?" Y como desde la edad de los trece años ya había conocido las chingas (perdón pero así se dice en mi pueblo) del campo, acepté estudiar "aunque sea" para maestro.

Así que entré al CREN de Iguala con la ilusión de ser un maestro rural que, en mi comunidad, desempeñara los papeles que se les atribuía a los maestros de aquella época: médico, juez, arreglador de amores, secretario, consejero y maestro, claro.
Ahora, después de tantos años me he dado cuenta de que la ilusión no ha muerto y deseo trabajar en una comunidad rural, antes de jubilarme, después de hacerlo durante todo mi tiempo de docencia en el medio urbano.
Pero, ¿por qué cuento todo esto? Ah, porque estuve en la clausura de la escuela donde mi hija terminó su bachillerato y escuché los acostumbrados discursos saturados de mensajes sobre las metas, lo propósitos, los sueños de los bachilleres y me sirvió para reflexionar que, en la actualidad, son pocos los jóvenes a quienes les escuchamos referirse sobre la carrera que desempeñarán en el futuro con la emoción de quien se dispone a alcanzar las estrellas. Bueno, ni siquiera el brillo que en los ojos se advierte de quien sueña y se siente fuerte para enfrentar el mundo.
Por todo eso y porque, con el grupo de poetas Transgresión, de Iguala, estamos planeando muchas actividades culturales, siento que mis venas se llenan de una nueva vitalidad que me lleva a sentirme ilusionado y a vivir la emoción de hace muchos, pero muchos años, y en el horizonte veo aún un sol destellante y eterno que me dice: "¡Vamos, aún hay mucho por hacer!".

martes, junio 28, 2005

ES MARTES Y PARECE VIERNES

¡Qué raro! -me dijo-, es martes y parece viernes. Yo no sé por qué cuando cierro los ojos pensando en las personas que amo los días se me revuelven y siento que un silencio me inunda de paz y se adueña de mi alma.
Yo le dije: "Estás loca" y le di un beso. Entonces desbotonó mi camisa, me quitó la camiseta, me bajó el pantalón y, cuando todo se ponía más interesante, vio mi boxer de el conejo de la suerte y comenzó a reír sin parar, hasta llegar a las lágrimas.

No supe qué hacer, ni qué decir o pensar; sólo tomé el periódico del día y me senté a leer el "Manual para canallas". En ese momento me di cuenta de que no era martes ni parecía viernes: era jueves. Quizá por eso el tiempo estaba tan loco para todos, especialmente para ella.
Cuando terminó de reír me dijo que tenía que irse ya que los domingos son días malos para andar por quién sabe qué caminos tan llenos de gente que mal haya la hora.
Yo no dije nada, sólo le ofrecí una cerveza, de esas a las que llaman oscuras sólo por el envase, la aceptó, se la tomó de un trago como buena bebedora, eructó y se fue.
Cuando cerré la puerta quité las mantas de los espejos que ella había cubierto cuando llegó y me tendí sobre mi cama que se había quedado anhelante, esperando disfrutar de la fiesta del día. Ella (mi cama) nunca supo que hay días en que los lunes parecen martes, o miércoles, no sé y que más valiera quedarse sentadito en el piso de la sala tomándose un tequila y leyendo un buen poema de Bukowski.
Hay días, sin duda...

lunes, junio 27, 2005

HAY UN NIÑO QUE ME MIRA

Con aprecio, agradeciéndole sus comentarios para JONATHAN DE LIMA FLORES, esperando que a todos les guste este poema que me inspiró un pequeño como de dos años de edad que jugaba cerca de mí, mientras yo esperaba consulta en la Clínica Santa María de la Cd. de México.
HAY UN NIÑO

Hay un niño que me mira
con su sonrisa de ángel
y su mirada de plata;
juega cerca de mí
y en sus carreras y gritos
mis sueños desata;
le sonrío y con los ojos le digo
que siga con sus juegos
que me recuerdan mi infancia,
y en sus zapatos me lleva
a las calles de mi pueblo,
que está muy cerca de Iguala,
en Guerrero.
Su mamita lo regaña
y le dice que es un necio,
oigo que le llaman Luis
(tiene ojos de caramelo).
Se ha metido con mis cosas
y las derrama en el suelo,
le hacen llorar y en su llanto
se vierte mi desconsuelo:
yo le envidio
y quisiera tener la mirada atenta
de mi madre
que vigilara mis juegos,
que me regañe si quiere
o que diga que soy necio.
Este niño, Luis,
me devolvió mis recuerdos
y me trajo la nostalgia
por las manos de mi madre
que está lejos,
en mi pueblo,
en compañía de mi padre
aguardando mi regreso.
A este niño le deseo
que se cumplan sus anhelos.

domingo, junio 26, 2005

DESNÚDATE EL ALMA

DESNÚDATE EL ALMA

Desnúdate el alma,
no el cuerpo,
que algunas veces,
con cariño manifiesto,
me regalas en la cama;
no tus besos, tan frescos
y amorosos
que disipan mi nostalgia:
desnúdate el alma
y hazme saber
si de verdad me amas.
No me veas a la cara,
apaga la luz
y deja que hable tu alma;
tus tibios ojos
son guerreros
que triunfan en la batalla,
y tu boca
es cascada
que en mi oído
mil canciones me regala;
no me niegues la esperanza
de saber,
lo que dice tu corazón
cuando callas.
Desnúdate el alma
y dime con palabras
lo que dicen tus caricias
cuando estamos en la cama.

JOSÉ I. DELGADO BAHENA

jueves, junio 23, 2005

SOBRE LA AMISTAD (PARA MARÍA)

Lamento, amiga María, que no te guste que te conteste en público pero no puedo evitar compartir con todos los amigos lo que te diré porque creo que, ante todo, la amistad es generosidad.
Es que me pides respuestas definitivas acerca de la amistad y pienso que todos los que opinen sobre este tema tienen razón porque, al fin y al cabo, la amistad, como el amor, tiene distintos matices.
Mira, como yo lo veo: lo que realmente vale es saber que tienes amigos. Cuando sabes que los tienes es que puedes confiar en ellos, pensar en ellos, soñar con ellos. Cuando esto no ocurrre, simplemente no tienes amigos. Así de fácil.
La manera en que se comporta uno como amigo es tan diversa como lo es el género humano. En la amistad existe distancia en la cercanía y cercanía en la distancia, razón en la locura y locura en la razón, dolor en la alegría y alegría en el dolor.
La amistad, como el amor, todo lo soporta, todo lo sufre; podrán llegar vendavales, terremotos, inundaciones y desde el silencio del derrumbe emergerá la amistad.
Yo no creo que haya amistad verdadera y amistad falsa (porque he escuchado que dicen: "cuando la amistad es verdadera..."). Simplemente se es o no se es. Si en algún momento nos confundimos y llamamos amigo a quien no lo era, reconozcamos el error y no sigamos regando las rosas con el agua salada de la desconfianza, de los reclamos, de las indirectas y habladurías que sólo ensombrecen nuestro transitar por la vida.
Finalmente, como sé que no he contestado a tus preguntas tan precisas con estas ideas tan vagas, sólo te agrego que, como me ha ido en la vida con amistades valiosísimas como la tuya te diré que la amistad es generosidad, paciencia, tolerancia, comprensión, apoyo, consejo, reflexión, compañía, confianza, permanencia, respeto, alegría y vida. Sin embargo, como la amistad es de humanos y no de máquinas programadas con estas emociones (qué bueno), hay que aceptar el desinterés de algunos para fortalecer estos lazos día con día y valorar que, alguna mañana, desde una nube (la más insignificante que te puedas imaginar) nos hagan llover en las gotas de una leve llovizna, el fresco recuerdo de su sonrisa que nos diga: "¡Aquí estoy, amigo, sabes que puedes contar conmigo!"

Te saludo y te deseo lo mejor.
Te quiere: JOSÉ I. DELGADO BAHENA

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martes, junio 21, 2005

OTRO POEMA DEL LIBRO "MALDITAS PALABRAS"

DEFINITIVAMENTE, TE QUIERO.

Te quiero como el otoño a la luna,
como la barca al remo,
como el llanto a su recuerdo.
Te quiero y te pienso
con tu voz rebelde
desafiando al tiempo,
con tus ojos luminosos
llenos de luceros,
con tu boca ansiosa
y con el temblor ardiente
de tu cuerpo.
Te quiero como el paso al caminante,
como el pez a su pecera,
como la tormenta al trueno.
Te quiero así, como eres:
dolor de los domingos,
agua del sediento,
levedad del sueño.
No sé por qué,
ni cómo, ni cuánto;
pero, inexplicablemente,
definitivamente,te quiero.

lunes, junio 20, 2005

PARA NANCY, MI HIJA

Ya sé que vas a decir que hasta cuándo me acuerdo de ti y tendrás razón; pero sabes muy bien que no te olvido, sólo esperaba la mejor oportunidad para escribirte y publicar lo que te digo para que todos sepan que tengo una hija muy sensible, inteligente, amorosa y, por supuesto, hermosa.
Y creo que es la mejor oportunidad ya que te encuentras en una etapa crucial de tu vida: elegir qué carrera estudiarás para que te veas realizada profesionalmente. Por mi parte, no lo olvides: tienes todo mi apoyo en lo que tú decidas porque, como te he dicho otras veces, tú serás quien, en el futuro, enfrente los resultados de tus decisiones.
Sé que quieres ser maestra y me llena de orgullo porque todos, en la familia, al ser parte de este gremio, hemos tratado de ser responsables y hacer de nuestra profesión algo digno.
Podría contarte muchas anécdotas, ponerte ejemplos y darte muchos consejos; sin embargo, me limitaré a prevenirte que, para lograr las satisfacciones que todos buscamos en lo que hacemos, debes hablar a los niños con la voz del corazón y esforzarte con honestidad por hacer que aprendan a valorar todo lo que les rodea, a ser parte importante de la sociedad de su tiempo y a crecer persiguiendo sueños.
Cuando ellos crean en ti, porque sepan que ellos son parte de tu sueño, encontrarás recipientes anhelantes por recibir de tu boca la primera palabra del día que les bañará de luz la oscuridad de sus vidas.

Te regalo otra vez el poema que ya tienes en el libro que publiqué, con el propósito de que redescubras la intención de mis palabras.

"...tú sabrás qué letra, qué palabra,
qué invocación, qué misterio,
qué lamento le escribirás
al libro
que hoy tienes en tu corazón,
para ser escrito,
abierto."

domingo, junio 19, 2005

DÍA DEL PADRE

Simplemente, para mi padre: FELICIANO DELGADO DELOYA (campesino, músico, jornalero, peón, tendero), quien con su energía y sus ejemplos nos mostró el mejor camino: de la honradez y el respeto para andar por la vida.

ABRE TU CORAZÓN

Abre tu corazón,
padre,
ante mi sed
de la palabra añeja,
en el reloj
del tiempo que no pasa,
en el misterio
de mis lágrimas hirvientes
que se repiten,
y en mi plegaria que te nombra:
luz, maíz,
campo, río,
tierra sembrada de ilusiones,
piel esculpida en bronce antiguo.
Abre tu corazón,
cálido y bueno,
hoy que tu paso
respeta las formas del camino,
hoy que tu mirada
rescata el verso
del poema dormido,
abre tu corazón,
padre mío
y derrama, generoso,
la sonrisa franca
que disfruté de niño.
Abre tu corazón
y dame paz
con tu voz tranquila

y tu pecho dolorido.

sábado, junio 18, 2005

POEMAS DEL LIBRO "MALDITAS PALABRAS"

No sé que es, en la vida, más cruel que el olvido. Cuando, en la distancia, el viento nos trae las imágenes, los recuerdos, las palabras de la persona a la que un día creímos amar, y nos duelen; nos rasgan las noches de soledad, y nos duelen; nos llueven en los ríos salados que, en la nostalgia, nos brotan de los ojos, y nos duelen...pero, cuando el amor ya no duele, entonces...comienza el olvido.

AYER

Ayer tuve tus manos,

como palomas: suaves,

entre las mías encendidas;

también tuve tus ojos,

húmedos de luz,

escurriendo lloviznas,

en mi pecho tuve tu nostalgia comprimida;

a veces eras tristeza,

a veces alegría.

Hoy no tengo ni tu nombre

porque,

poco a poco,

se me olvida.

LAS COSAS COTIDIANAS

Estoy en la calle,
con sus mil rostros en los que veo:
paz, angustia, ansias y temores,
alegrías, risas, lágrimas,
esperanzas y melancolías.
Es la calle:
los disturbios, los amigos,
los encuentros,
los adioses,
cristales rotos,
árboles caídos,
mujeres con tres meses de embarazo,
hombres con sonrisas sospechosas;
lunes sin domingo,
camisas sin cuerpos,
relojes sin horarios
donde cabalgue el minutero;
un funeral, tres cirios, una viuda,
un ave canta,
ladra un perro,
¡al ladrón!,
¡al ladrón!,
grita un gendarme,
y yo,
sentado en la placita,
observo todo,
haciéndome un disfraz
para olvidarte.

PARA OLVIDARTE MÁS

Para olvidarte más me falta olvido
y escribo una poesía
sentado en estas pobres, solitarias,
tablas de mi piso;
ayer estuve enfermo de olvidarte
y me puse a recordar
las tardes veraniegas,
los dos juntos,
soñando con ser plumas,
jugando a ser aviones en el aire detenidos.
Después, cuando,
cansado de pensarte
y no encontrar razones
para dejar así,
de pronto, de olvidarte,
dejé pasar la nube turbia
que me trajo el recuerdo de tu olvido
y, con las letras de tu nombre,
compuse una canción de despedida
para este amor de agua
que por ti sentí
y que ahora llueve
en el terreno seco del olvido.





lunes, junio 13, 2005

PARA MI HERMANO ANTONIO POR SU CUMPLE

NOCHE DE ESPANTO

La noche era fría, silenciosa. Tal era el silencio que nuestra respiración rasgaba la quietud del pueblo. Éramos mi hermano Antonio y yo. Él de once años y yo de trece. Caminábamos por esas calles sin pavimento, rústicas, deslavadas por las recientes lluvias, disparejas, como eran las calles de los pueblos de Guerrero.

Íbamos tomados de nuestras manos sudorosas, por los nervios, temblando más de miedo que de frío.

Regresábamos después de estar con nuestra madre en la casa de la tía Rosa, acompañándola por la muerte de nuestra prima Inés, de tres años.

Mientras las mujeres rezaban y lloraban en el interior de la casita de palma de la tía, los hombres, afuera, en el patio, haciendo círculo alrededor de un candil de lata que quemaba petróleo, contaban historias de aparecidos, de muertos, de espantos. Y nosotros, junto a ellos, escuchándolos y llenándonos el cuerpo con los temblores de sus anécdotas: “Que si la llorona, que si la carreta era jalada por un caballo negro, que si el caballo negro salía a media noche, que si la abuelita que te pedía una moneda y luego desaparecía, que si por el camino del panteón se veía una luz que bajaba hacia el pueblo, que si los perros aullaban, que si el tecolote cantaba...”

El sueño nos vencía y el temor era enorme como para seguir escuchando los cuentos de los hombres. Pedimos permiso a nuestra madre para retirarnos a nuestra casa y entramos al mar negro de esa noche quieta, sin viento. El reloj de la iglesia del pueblo anunciaba las once.

El miedo apretaba nuestros corazones y más nos apretábamos las manos al caminar sin hablar, pero adivinándonos el pensamiento que nos sugería regresar a la casa de la tía Rosa. Pero caminábamos, tanteando el camino con nuestros huaraches, viéndonos en nuestros rostros tan sólo un leve brillo en los ojos llenos de miedo.

En la espesura de la noche mil sombras se movían, mil espectros salían y, amenazantes, se acercaban, bajaban desde ese cielo sin luna, cubierto por gruesas nubes.

Casi llegábamos a nuestra casa, estábamos a una cuadra, cuando, a lo lejos, muy cerca del corral de la casa, justo en la esquina, pudimos ver un bulto blanco que, con movimientos agresivos, se dirigía a nuestro encuentro. Nuestras manos se apretaron aún más y nuestros corazones interrumpieron el silencio y empezaron a golpear los pechos como queriendo romperlos.

Sin hablar, como impactados por un rayo, nos movimos y echamos a correr por el otro lado de la cuadra. Corríamos a ciegas, sin ver el camino, unas veces tropezando y otras chapoteando en el agua encharcada de las lluvias. Corríamos casi con las puntas de los pies para no hacer ruido. Un perro que salió, no sé de dónde, casi nos muerde. Las manos doloridas por los apretones, sin soltarlas. Corríamos con el alma por delante, sin voltear, al sentirnos perseguidos por el más horrendo de los aparecidos. Corríamos… y al llegar a la otra esquina del corral de nuestra casa, nos topamos de lleno con aquel bulto blanco.

El miedo nos paralizó y, al quedarnos quietos, pudimos sentir en nuestras caras sudorosas el resoplido de la vaca blanca de don Remigio que había salido a comer algunas hierbas, en aquella noche en que, para nosotros, fue la más espantosa de nuestra niñez.

JOSÉ I. DELGADO BAHENA

MIESTERIOS

Para..., por los recuerdos.

MISTERIOS

Mira que te escribo
ahora que te has ido,
después de lloviznar,
con mis caricias,
en el terreno fértil de tu cuerpo,
después de que el deseo mordiera,
bravamente, el silencio.
Te escribo, a media noche,
sin volver al ayer,
sin pensar en mañana;
como paralizando el miedo
de que todo sea sólo un sueño.
Pero te escribo con mi carne
sobornada por tu lengua y tu mirada,
por tus manos tibias,
por tus palabras
que me embarras en la cara.
Te escribo ahora
cuando estás ausente
de mis brazos,
de mis manos y de mis dedos
que descubrieron tu misterio.
Te escribo callado
después de tantos ruegos
para que no te fueras,
para que te quedaras
a llorar conmigo
encerrados en el apartamento.
Pero te fuiste
y te llevaste la luna fría
que nos ha cobijado,
durante noventa días,
coronando secretos.
Y llegarás mañana
trayendo la luz de tus ojos
que tanto quiero,
y me abrazarás,
y te besaré,
y volverás a ser misterio,

sólo misterio.

domingo, junio 12, 2005

GRUPO DE POETAS TRANSGRESIÓN

Nuevamente, tengo que referirme a este grupo de poetas de la Cd. de Iguala, Gro., de donde soy originario, porque, con orgullo, quiero comentar que me complace participar de sus ideales, que ahora son míos, de las metas y propósitos que hemos establecido como grupo interesado en difundir nuestro quehacer literario pero, sobre todo, en promover la cultura aquí, en nuestra región. Por eso, desde nuestra página: "Grupo de poetas TRANGRESIÓN" www.grupodepoetastransgresion.blogspot.com hacemos la invitación a todos aquellos que estén interesados en compartir su creación literaria, aportar, difundir, promover la cultura, se acerquen por este medio o en las oficinas de la revista Reevolución (Aldama 7, altos 2, Centro) a alguno de nosotros para establecer un contacto directo y formal que nos permita conocer lo que hacen, crecer como grupo y aprender de los demás. Entre nuestras actividades planeamos presentaciones, talleres, publicación y difusión de la creación literaria. También pueden entrar en contacto enviando un correo a la dirección: jose_delgado9@hotmail.com Invitamos a visitar nuestra página desde ésta: MALDITAS PALABRAS dando clic en el link de la izquierda.

sábado, junio 11, 2005

¡VAYA SUSTO!

Hace veintitrés años que trabajo como taxista, además de maestro (ni modo, es lo que hacemos muchos maestros en la búsqueda de un poco más de ingresos para sostener a nuestras familias), siempre en la misma organización de Taxistas Unidos Plan de Iguala (TUPI), de la Cd. de Iguala, por supuesto.
Todos, como taxistas o como cualquier otro ciudadano, vivimos, en la actualidad muy nerviosos y siempre alertas por el clima de inseguridad que se vive en muchas partes del país. Claro, nosotros desconfiamos de algunos posibles clientes cuando, en la calle, nos piden el servicio y si vemos que, por su aspecto, nos hace sospechar alguna persona que podría ser algún asaltante mejor no la subimos.
Sin embargo, el sábado pasado, en este mes de mayo, época de intensos calores en Iguala y que, además, aún no completaba para pagarle lo de la cuenta al dueño del taxi, eran cerca de las once de la noche cuando, en la esquina de una de las calles del centro de la ciudad, tres individuos me hicieron la señal de que me detuviera. Lo hice y antes de que subieran les pregunté a dónde querían que los llevara. Uno de ellos, el que parecía de mayor edad: como de cuarenta años (los otros proyectaban entre veinte y treinta), me dijo que al Fovissste, una colonia que está por la salida para Taxco.
Abrí la puerta y subieron, los otros dos atrás y el que había hablado, adelande, conmigo. De inmediato advertí que iban con aliento alcohólico. Como ya no podía bajarlos tuve que arriesgarme y arranqué hacia donde me habían indicado.
Ya, en el camino, los de atrás discutían en voz baja por algo que yo no alcanzaba a oír y, el de adelante inmediatamente subió el vidrio de su ventanilla, a pesar del calor, y cada vez que pasábamos cerca de alguna lámpara volteaba la cara como queriendo ocultarla.
Si de por sí, como ya dije, siempre andamos con los nervios de punta, con esas actitudes mi corazón saltaba dentro de mi pecho como un conejo encerrado en un elevador (quién sabe si una vez algún conejo haya estado encerrado en un elevador, pero así me lo imaginé).
Para sentirme un poco protegido y, además, como parte de la obligación que todos los taxistas tenemos con la Organización, me reporté por el radio indicando el destino de mi viaje, informando con la clave que todos conocemos, la calidad de sospechosos que llevaba como clientes para que estuvieran al pendiente. El de adelante me preguntó que por qué lo hacía y le contesté que de no hacerlo me arriesgaba a que me multaran, como parte de las sanciones que habíamos acordado en asamblea del gremio.
No dijo más; se limitó a expresar un sonido gutural como ¡mj!
Entonces, uno de los de atrás, viendo que estábamos a punto de llegar, sugirió que mejor nos siguiéramos hasta un poblado conocido como "Puente González", en la orilla de la ciudad. El de adelante dijo que sí, nos siguiéramos pero, como a veinte metros, dijo que mejor nos desviáramos sobre un camino de terracería que estaba adelante.
Mientras tanto yo trataba de comunicarme con la base que coordina el servicio o con algunos de los compañeros taxistas, sin lograrlo: los canales estaban ocupados y por más que lo intentaba no podía hacerlo. De cualquier manera yo enviaba mensajes ficticios, esperando que los individuos entendieran que no iba solo.
Debo confesar que, a esas alturas, ya no tenía dudas sobre las intenciones de los hombres y el miedo que yo sentía me dio el valor para tomar una decisión. Antes de llegar a la desviación que me había indicado el de adelante pasamos por un terreno en el que han construido dos o tres casitas y, afuera de ellas, se veían dos señoras y un anciano. Detuve el carro justo junto a esas tres personas y como si se hubieran puesto de acuerdo, mis tres pasajeros voltearon sus caras ocultándose y, al mismo tiempo preguntándome el por qué me detenía.
Les dije que no podía ir más adelante porque me había desviado de mi ruta original; la que les había informado a los de la base y que, si seguía, podrían suspenderme de mis derechos hasta por una año. Todavía protestaron pero, al verme firme en la decisión y yo, armado con el valor que me regalaban las dos mujeres y el hombre de edad avanzada, que se encontraban en la calle observando todo, les dije que, por favor, bajaran y me pagaran el servicio.
Uno de ellos, de los de atrás, agregó algo como: "Los siento por las viejas". Yo entendí que se refería a las mujeres paradas cerca del taxi, pero el que iba adelante, ya abajo, les dijo: "Ni modo güeyes ora no se les hizo a sus viejas". El otro que venía atrás concluyó: "¿Ya qué?, siquiera vámonos a La curva a ver a la Malena".
El que iba adelante me pagó, cerré la puerta y me di la vuelta regresando a la ciudad, en donde había dejado mi alma tirada en el pavimento y, en ese momento, me acordé del pobre conejo y lo dejé salir del elevador.


ESTE CUENTO LO DEDICO A MI AMIGO EL POETA, PROFR. Y TAXISTA, FERNANDO ANTÚNEZ, POR HABERME REGALADO EL TEMA.

jueves, junio 09, 2005

LA SUBASTA

Estoy a punto de subastar
mis ojos y mi lengua,
mis raíces y mis huesos.
Ya regalé mis manos,
mis nostalgias,
mi llanto,
mis desvelos.
Todo, al mejor postor,
lo he vendido:
mis pasos y mis huellas,
mi estómago,
mi sexo;
todo cuanto soy y he sido,
lo entrego:
mis oídos sordos,
mi garganta muda,
mis cantos, mis anhelos.
No me queda mucho
y habré de repartir
todo lo que tengo:
el perro que no tuve,
la mujer ajena,
el ánimo:
desnudo voy y vengo.
Estoy por subastar lo último que queda:
desde mis uñas
hasta mis puertas,
el ruido.
las ventanas,
el sol que me calienta,
el cielo.
Dicho está:
¡Sálvese quien pueda!,
al fin al cabo
tengo mi corazón
(un poco maltratado)
pero,
¡con él me quedo!

Con afecto y con respeto para la Dra. Angélica Alcalá, quien se ocupa de las necesidades de salud para mi cuerpo, como nadie se ocupa de las necesidades de mi alma.
Gracias por todas sus atenciones.

miércoles, junio 08, 2005

GRACIAS MARÍA

Perdón por publicar, nuevamente, un mensaje de mi amiga María, pero debo hacerlo ya que se mostró muy preocupada de que en mi cuento hablara de mi muerte y, bueno, le aclaré que en ocasiones el narrador también es personaje, de manera que quien habla de su muerte es el narrador que participa como personaje del cuento que me inspiró mi cuate Gibrán y no yo, como autor. Ya me metí en un laberinto. Mejor dejo que sea ella quien hable por mí.
¡Hola, amigo! Sabes, me da risa por ser tan torpe y dejarme llevar por la palabra escrita, hasta parezco novata, como si nunca hubiera leído nada en mi vida. Sí es verdad, me dejé llevar por las emociones y me olvidé del escritor, pero de pronto lo tomé como personal y sentí feo que hablaras de la muerte y olvidé que los autores pueden hablar de lo que sea, sin que esto tenga que ser realidad, pero bueno, qué quieres, me preocupas y eso fue lo que ganó en ese momento. Ya ahora analizando, creo que debo pedirte una disculpa. Pero tú mismo te das cuenta de lo frágiles que somos todos ante la palabra MUERTE, y lo digo por Gibrán que también le pasó lo mismo. En fin tú sigue escribiendo y a veces no nos hagas caso, porque en ese momento lo que está pasando son emociones y los autores no siempre deben tomar en cuenta las emociones de otros, las únicas que cuentan son las tuyas al escribir y al ponerle ese sabor a tus escritos. Muchos autores han hablado de la muerte y no por eso estaban muertos. En fin, pido disculpas y trataré de que en próximos textos tuyos no me gane la ignorancia y no me asuste por nada. Recibe como siempre todo mi cariño: María de Jesús.

Aprovecho para escribir unas líneas dedicadas para dos amigos que eran muy próximos y últimamente se han quedado lejanos y los extraño. Ellos saben a quienes me refiero y espero que, al entrar en mi página, recuerden que será muy difícil que salgan de mi corazón.

ELLA Y ÉL

Ella y él son muy amigos:
luna y sol
de sueños compartidos,
su universo,
que en un tiempo hicieron mío,
se expande en la distancia
de sus mágicos destinos.
Constelación D, sus palabras
son racimos
de canciones que se entonan
transitando los caminos;
Constelación Z, es reflejo
en el espejo
de un anhelo sostenido.
Ellos dos son muy amigos:
mar y arena,
viento y nube,
agua y río.
Los extraña mi mirada
y los buscan mis sentidos.

Con afecto y con respeto; dedicándoles, desde luego, un bonito recuerdo.

martes, junio 07, 2005

LEER A SARAMAGO

LEER A SARAMAGO
José I. Delgado Bahena

Para leer a Saramago (Portugués, Premio Nobel de Literatura) e internarse en sus textos y en su vasta obra, es necesario incrustarse en la psicología de sus personajes; arroparse en las palabras lúcidas o ciegas de su atrevimiento y luchar por el amor de Magdalena para arrebatárselo al Jesucristo hombre de su Evangelio, o, en la Caverna de la vida, con los ojos inundados de esperanzas, fabricar con artesanas manos, al lado de Cipriano Algor, la última ilusión que nos haga mantenernos de pie sobre las adversidades.
Quien se atreva a leerlo deberá llegar prevenido con sus interrogaciones y sus pausas, con sus emociones despiertas y con su espada desenfundada para enfrentarse consigo mismo, en una multiplicación de los sentimientos que aflorarán, entre la bruma del descubrimiento de su doble personalidad, en El hombre duplicado.
No hay de otra: el lector deberá ser la mujer del médico de El ensayo sobre la ceguera para guiar sus torpes pasos desde las líneas de la novela hasta su mismo transitar por la soledad de su existir.
Saramago se mueve, a sus ochenta y tantos años, con tanta liviandad, que asombra a los académicos con su estilo, que es su mejor arma para mantenerse en equilibrio constante entre la humildad y la soberbia.
Sólo después de leerlo podemos sentir el reflejo de la luz en el espejo que nos retrata el alma, y con la palabra desnuda, deslizándose desde nuestras conciencias, podemos declarar con el eco de su voz: “Nacemos, y en ese momento es como si hubiéramos firmado un pacto para toda la vida, pero puede llegar el día en que nos preguntemos Quién ha firmado esto por mí.”(Ensayo sobre la lucidez, Alfaguara, p.373).

domingo, junio 05, 2005

OJOS DE PERRO

Él era un muchacho como cualquier otro, se llamaba Gibrán, venía de la ciudad y llegó a mi casa. Sabía muy poco de él, en realidad casi nada, sólo que era hijo del poeta Guadalupe Sotelo y él, Gibrán, me reconoció en el autobús de México a Iguala en el que, una vez, coincidimos y viajamos juntos. Sin embargo, de inmediato advertí que no era "cualquier otro". Sus manos, como sus palabras, expresaban con gran vivacidad la parte de sus experiencias que me quiso compartir.
No sé; pero, al escucharle sentía como si su voz regresara desde sus dientes y luego se transformara en las imágenes que me describía.
"Siempre que voy a la casa de mi novia, veo a su abuelito, que está muerto -me dijo- y cuando presiento que algo me va a pasar se me pone la piel de gallina y me mareo".
Estábamos sentados en la sala de mi casa, platicando, mientras en la tele jugaban México en contra de Guatemala.
-Ahora, ¿no has sentido lo mismo? -le pregunté-.
-"Sí, por eso le digo" -me contestó-.
Su voz temblaba, pero me contó que desde pequeño le han ocurrido cosas inexplicables y que su papá tiene el mismo don, de manera que parecía algo hereditario.
Afuera, los grandes árboles que sembré en el patio se agitaban haciendo gran ruido por el fuerte viento que soplaba. Eran las diez de la noche.
-"Veo a los muertos" -dijo, con una luz parpadeante brillándole los ojos-.
Y le dije, en broma: -¿Ya te crees el del sexto sentido?, ¿sabías que ese don se les atribuye a los perros?
No me contestó. En ese momento entró mi hija (son amigos y compañeros del colegio). Ella, al verlo, lo abrazó emocionada. Sentí celos. Siempre me saludaba primero y me daba un beso. Él también se extrañó cuando vio que mi hija lloraba y le decía:
-¡Qué bueno que viniste a acompañarme! ¡Mi papá está muerto! ¡El autobús en el que venía se accidentó y todos murieron, ya no tardan en llegar con el cuerpo!´
Gibrán volteó a verme, con los ojos llorosos brillándole más aún, mientras con una mano se esforzaba por hacerse desaparecer, de uno de sus brazos, la piel de gallina que se dibujaba en su cuerpo.

Este cuento lo dedico para mi cuate Gibran Sotelo Moyano´quien, con su plática me inspiró lo que en él narro. Gracias. Espero que te guste cuate.

sábado, junio 04, 2005

LA VIDA NO ESTÁ LLENA DE FRACASOS

La vida no está llena de fracasos,
ni de tormentas,
de penas o amarguras;
está llena de hombres y de mujeres
que trazan y caminan rutas,
construyen, sueñan y esperan.
La vida, lo que los libros definen como vida,
no es para estar sentados tirando
piedras en el estanque del dolor ajeno,
o despertarse, abrir un ojo
para observar el mundo
y cerrarlo con horror y pesadumbre;
es para abrir los brazos,
extender las manos
(a veces, cerrar los puños),
levantar la cara
para recibir los aguijones del buen dios,
quitar escombros
y ascender por la pendiente
con atrevimiento.
No hay otra vida que ésta:
la que te fue prestada
y que no sabes cuándo,
ni en qué momento,
te llegará el reclamo
para su devolución.
Entonces, ¿para qué seguir
con letanías cargadas de lamentos?,
¿para qué la guerra,
las heridas?,
¿para qué soltar los perros?
La vida es esto: ideas, luchas, decisiones,
riesgos.
Tú, Jahén, ya los tomaste,
¡ánimo!


Estas líneas van dedicadas, por supuesto para mi sobrino quien, en estos días, ha tenido que tomar algunas decisiones en su afán por ser, en el futuro, un buen médico. Me gustan, chiluco, y creo que, por eso, te considero un buen "premédico". Te felicito por atreverte a correr riesgos que parecen fracasos y porque te noto firme en tus convicciones. Me siento orgulloso de ti.